"Seré un genio, y el mundo me admirará. Quizá seré despreciado e incomprendido, pero seré un genio, un gran genio, porque estoy seguro de ello".
Salvador Dalí

domingo, 23 de noviembre de 2008

¡Es gesso!

Atención: Esta entrada no sigue la lógica de las anteriores entradas apepaladas, sino que vuelve a la estructura descriptiva, primitiva y friki de mis primeras crónicas, ya que són unos pequeños esbozos de lo que fue en realidad el II Salón del Manga de Valencia, pero nada de lo que yo escriba aquí se acercará a lo que verdaderamente supuso.  Así que absténgase de leerla personas no frikis, o que simplemente detesten este aspecto de mi ser, para evitar malas críticas de este estilo de entradas. Si no te gusta, vete a escuchar música. Que la Fuerza os acompañe ^^

Suena el despertador, mi acérrimo enemigo durante 5 días a la semana. El muy hijo de su madre se salta la tregua de los fines de semana. Son las 8 y ya estoy hecho un zombi. A la ducha, a ver si así soy persona.

Ya estoy en su puerta. A los 15 minutos ya estamos en el coche, nos ponemos al día sobre nuestras situaciones estudiantiles y, después de media hora de viajecito, ya empiezo a divisar la cola de frikis ansiosos.

Nos bajamos del coche. Mi corazón da un vuelco al ver el panorama. Una cola hasta dónde alcanza la vista. Una cola de chicas-gato, emos, heavys, algunos góticos y, cómo no, los cosplayers. Avanzamos unos cuantos metros buscando a algún conocido para colarnos descaradamente.

¡Premio! Uno de nuestros acompañantes reconoce a unos amigos y... ya hemos avanzado la mitad de la cola por la cara. ¡Qué bella costumbre! Nos presentamos a nuestros nuevos compañeros frikis con peculiares saludos que mejor no intento representar con escritura moderna. Simplemente, el que parecía ser el lider me cayó bien. Iba vestido de Ulquiorra, con su casco y todo, hecho de periódico, papel mashé y ye... ¿queso? Ah, gesso. Apunté mentalmente el nombre mientras nos explicaban su pronunciación, para después googlearlo.

La cola avanza a pasos agigantados, y yo identifico, emocionado, a los clones de mis héroes, más bajos o más rechonchos, eso sí, pero igual de... vistosos. Iry indentifica emocionada al "señor con pelo en la cara", al que yo identifico inmediatamente como "hombre disfrazado de mono".

Didi Kong suena unos instantes después. Durante el resto de la cola, nuestros nuevos compañeros envadurnan a Ulquiorra de polvos de talco, para luego ornamentarlo con su máscara de hueso. Iry no para de amenazarnos con pintarnos la cara. Qué maja.

Después de hora y media de espera, llegamos a las puertas. Entonces me doy cuenta de que el GreenSpace es una insdustria abandonada o algo así. Me esperaba un recinto bastante más... lujoso. Pero la realidad volvió a demostrarme que nunca hay que juzgar un libro por su portada.

Pago mi entrada de un día y...

Nada más entrar, veo los stands, el escenario, a unas chicas vestidas de One Piece cantando algún opening conocido, que vibra en mi memoria, pero que no logro recordar.
Y señalo emocionado, cuán niño pequeño, a un Franky de nariz acartonada y mallas color carne. Le pierdo de vista para sacar la cámara, y me topo con el sable láser de un Darth Vader bastante flaco, pero igual de intimidante.

Se escapan antes de poder inmortalizarlos. ¡Maldición! Albi me tranquiliza, que espere a que se llene el local me dice, me recuerda que hemos entrado de los primeros y que aún falta mucha gente.

Y anda si se llenó. El resto de la jornada fueron caminatas interminables, siguiendo a mis compañeros como un borrego, distraído con los Akatsuki y los Arrancar de máscara de gesso...

Soras... Luffys... Kakashis... una legión de chicas disfrazadas de la rubia con coletas de Death Note, orejas de gato por todas partes, hasta una Heidi acompañada por su Clara en silla de ruedas y una jovenzuela señorita Rotenmeyer. Y un redundante gorro a rayas verdes y blancas que me resultaba familiar, y que poseían demasiadas personas para ser simplemente casero...

En los talleres doy vida a un engendro de piel de globo con cara de malo, no tan trabajado como los de mis compañeros, que son de arte. Bautizo ahora, mientras escribo estas línias, al engendro de piel de globo y entrañas de arroz como... Íker. Ahora estoy viendo Cuarto Milenio. Así es la vida, pequeño Íker.

Hace tiempo que perdimos de vista a la pandilla de Ulquiorra e Iry. Confié en que siguiesen con vida. Había mucha Death Note suelta por ahí.

El resto de la jornada se resume en "¡Tengo hambre!", "¡Coño, una caca rosa!" y "¡¡¿¿¡¡Dónde cojones está el stand de Raruto!!??!!". Creé dos engendros más: uno que fue masacrado por una plancha poco calentada, y una bolita esponjosa de ojos saltones a la que tengo manía.

Todo esto con el sonido de fondo de Give a reason, y yo balanceándome inconscientemente de alegría y nostalgia. Y cómo no, admirando de reojo las medias de rejillas de las colegialas con sombrillas.

Hubo muchísimas cosas en este lugar aparte de las contadas, cómo encontrarme dos chicas que antes daba por pijas, reírme del Joker, huir de una dependienta de stand demasiado sonriente, Ulquiorra y sus nuevos amigos haciendo de guardianes de la puerta, un Zorro Ronoa obeso,  la familia shinigami, el digimon reciclado, el verdadero Link rubio y muchos, muchos más...

Pero fue un día demasiado largo y bonito para describirlo en este humilde blog y por este triste intento de narrador. Bueno, una más:

Y perdido por el laberinto de stands, lo ví. El redundante. El sombrero que adornaba todas las cabezas salvo la mía. El sombrero con forma de cartón para palomitas... y encima me llevé el póster.

Allí ya no era el friki de la clase, sólo un friki, uno más del montón. Todos acostumbramos a tomar un rol, un papel, una identidad para hacernos los interesantes, o simplemente sentirnos especiales. Brillar. El problema era que allí había demasiadas estrellitas, no destacaba entre tanta brillantez, tantos semejantes.

Aceptación.

Mirase a dónde mirase, veía más y más gorros, y máscaras de gesso, y a lo lejos, entre el gentío, ondeando la bandera del Sombrero de Paja. Ya no tenía que avergonzarme por llevar un gorrito ridículo, posiblemente fuese la persona menos ridícula de la hectárea.

Unos adoran a los cantantes, otros a un par de actores guaperas... Yo adoro a esta gente, que no tiene miedo que vivir su afición sin reparos y pasárselo en grande.

Dentro de 6 meses volveré. Y volveré a reírme del Joker, a conocer a chicas simpáticas a la par que frikis y juveniles, a ver a la legión de Arrancars de gesso, a imaginar ser un elegido de la llave-espada, hacerle un hermanito a Íker, a escuchar grupos malos de emo-frikis y a cantar Pokémon mientras recorto gomaespuma. Una experiéncia inolvidable.

Y volveré con mi gorro de Urahara :)
P.D: A ver quién tiene estómago para firmar con un Frikiiiii después de esto ^^

domingo, 16 de noviembre de 2008

Y ahí está la luz

Prisionero.

Condenado por siete ángeles negros, en una prisión de sombras. Debo vencerlos. Derrotarlos. Las seis paredes que me custodian en este encierro. Debo derribarlas.

Una de ellas, la magia de las letras, custodiada por una bruja, de negra túnica, como su corazón. La segunda pared, el legado de la tierra que me vió nacer. Las leyes de esta realidad, del plano en el que me encuentro, para terminar de vencer los barrotes de la prisión, ése es el tercer celador. 

La cuarta pared, la que sostiene a todas las demás, el propio techo, la piedra angular, la romperé, y veré caer entre escombros a mis captores. Poderes de un lejano reino, más allá del mar del norte, y un bufón guarda la quinta llave. Y el suelo... aunque signifique mi caída, pulverizaré las entrañas de la tierra, y mil temblores sacudirán la sexta pared.

Y el séptimo ángel, egocéntrico, que mora mi conciéncia, mis pensamientos, me mata desde mi mente, hiere mi corazón, cuán acertijo de la antigua Atenas, que niega mi existéncia.


Y ahí está la luz. Me espera. Me guía. La gloria. Ése es mi baluarte. El sueño del descanso y la celebración, tras catorce atardeceres de oscuridad, azuzará a mi caballo a la guerra, en un mundo presente sólo en mis sueños, banquete de aguamiel, demonios de las estrellas de hace diez lustros y caballeros de frío corazón, entre canciones de lobos...



P.D: No sé dibujar hombrecillos xD

viernes, 14 de noviembre de 2008

Pum Pum

Acaba de terminar uno de mis programas favoritos de la cada vez más vergonzosa televisión que tenemos hoy en día. Callejeros. No sé, yo me considero una de esas personas que ya hemos "madurado", en su momento me cansé de Los Serrano, Los Hombres de Paco cuando ya ni salía Paco, un par de temporadas del Gran Hermano de los cojones, y ya ni me atrevo a ver la Física o Química esa. No, yo creo que estoy chapado a la antigua, sigo viendo documentales cuando puedo :)
Volvamos al tema de Callejeros. Hoy el documental iba sobre armas. Me han vuelto a la mente escenas de otro documental de Cuatro sobre el mismo tema, que emitió el año pasado por las fechas navideñas titulado "Papá, regálame un Kalashnikov".

El susodicho documental trataba de los grupos más "amantes" de las armas de la zona profunda es Estados Unidos. Ultra-Republicanos, Neonazis, Ku Klux Klan y demás engendros sociales por el estilo se reunían en nosequé estado, cada año en una especie de quedada.


Sí, allí en los lejanos EE.UU los niños no piden Action-Man, Barbies ni peluches de Trancas y Barrancas para el 25 de diciembre, solo una divertida y didáctica pistola. Los padres de estas fanáticas familias enseñaban a sus hijos las doctrinas de "las armas no son peligrosas", "es la persona que las usa", "son para defender a la família"... Y no lo dudo, pero prefiero que un niño de 6 años tenga una infancia "normal", y no le regaléis una colección de pistolitas para sus manitas.

¿Pero y si mañana estalla una guerra?

Eh, pero que no están tan locos. Ellos también están en contra de la guerra de Irak. Porque el precio de la munición ha subido un 300% desde entonces, ya que la necesita antes el govierno...

Dejemos de lado a los chiflados del otro lado del Atlántico y volvamos a la Peníncula. El documental de Cuatro de esta vez hablaba de nuestra "otra" cara. Que en España también hay armas, coño.

Los que seáis asíduos de Callejeros, ya conoceréis su estructura. Ir grabando casas y locales dónde se practique la actividad en cuestión. Coleccionistas de armas, vamos. Gente de todo tipo, con su vitrinita en el salón, el típico marido exmilitar cuya afición trae de preocupaciones a su pacifista (y sensata) mujer.

En todas los sitios predomina la misma idea por parte de los entrevistados: Son para defenderse. ¿De qué?

Ellos los llaman "los malos". 

Son como niños. Recuerdo mi feliz infancia vindo dibujos animados y películas en las que siempre perdían "los malos". Ese es su feliz ideal, vencer a "los malos", cuán valientes superhéroes, reviviendo sus fantasías de películas de guerra, o simplemente sus viejos días de gloria en la Guerra Civil.
Nos enseñan museos y hasta una fábrica artesanal de armas "a medida". Eso sí, siem
pre para uso única y exclusivamente deportivo. Yo suelo llamar deporte al fútbol, al baloncesto, al tenis, e incluso, aunque me muestro reacio a ello, la F1.

Matar animales no es un deporte. Pero bueno, oficialmente las armas están en España para la caza. La caza de animales. Si a alguien se le ocurre cazar a otra persona... En los museos hablaban de los 2 o 3 millones de armas de la Guerra Civil que aún están sueltas y sin registrar por toda España, y que se siguen encontrando cuando a alguien se le cruzan los cables o se "defiende".

Siempre enseññaban orgullosos una carabina de nosecual guerra, una pistola que usan los de ETA, la pistola con la que se suicidó Hitler... Todas muy bonitas, por cierto.

Luego estaban los que decían que las armas son para que el Govierno no se pase de la raya. El pueblo debe tener la misma potencia de fuego que el govierno, para evitar abusos de po
der, etc... Opiniones para todos los gustos.

Y el documental acaba cuando acompañan a los miembros de una asociación de cazadores a una cacería. Los pijos sueltan a los perros. No pude evitar reírme cuando salió de entre la maleza un adorable cervatillo saltando graciosamente como en los dibujos animados y...

Pum

Como la madre de Bambie. Cayeron unos cuantos más como ese. Hasta una madre y su cría. 
Termina el documental con la respuesta de uno de los cazadores a la pregunta de si siente pena al matar a esos animales: No es pena... es un sentimiento contradictorio, no me dan 
ninguna lastima, me he críado con esto.

Esta mañana un compañero me habló de un caso. Un amigo de Eminem murió en una trifulca en un bar con los compañeros de otro rapero rival de Eminem. Yo no estoy muy al tanto del mundo del rap, escucho al Porta y de vez en cuando al Chojín, pero nunca había oído hablar de ello. Porque claro, hay gente que la lleva hasta en el supermercado.

Y muchos más niños que mueren por estos juguetitos.
Dicen que las armas son para defenderse. ¿De quién? ¿De los malos? Si nadie tuviese armas, el asunto estaría arreglado. Bueno, no. Seguiríamos pegándonos con espadas, después con palos, y cuándo acabásemos con éstos volveríamos a las piedras. Así es la naturaleza humana. Así es la guerra. Gana quien tenga el palo más grande. 

Una de las cosas por las que más agradecido estoy a Dios es que mi única relación con las armas sea matar a alienígenas feos en la Play. Ésos son mis malos. Que los niños solo jueguen a la guerra, y que siga siendo eso, un juego del pasado, y que las Kalashnikov sigan decorando los museos, y que no salgan de ahí. 

Y que sea así por muchos años más.



P.D.: Por recomendación de Pepal, os dejo aquí el enlace a la primera parte del documental por si queréis verlo XD

viernes, 7 de noviembre de 2008

Survival Horror

Y siguió corriendo.

El chapoteo de sus pies en el agua inundaba sus oídos. El choque de las suelas de goma de sus zapatillas contra el húmedo metal, un sonido agudo y molesto. Y que no hacía más que recordarle que podia resbalar en cualquier momento, y con ello, perdería unos valiosísimos metros de ventaja.

Dejó de pensar en sus zapatillas y fijó la vista hacia delante. Un pasillo interminable, con ojos de buey oxidados por las paredes, puertas cerradas con candados, y una solitaria bombilla parpadeante cada pocos metros. Sin embargo, las bombillas solo eran un parpadeo luminoso en su constante carrera. No eran muy potentes, así que solo producían un tenue círculo de luz cada vez que los atravesaba corriendo. El horizonte del pasillo seguía envuelto en tinieblas.

¿Pero qué importaba no saber adónde iba? Solo le importaba saber adónde no iba. No volvería a la sala del vestíbulo. Si volvía allí, correría la misma suerte que sus compañeros. La angústia se apoderó de él cuando recordó al ingeniero. Pobre hombre. Lo dolía que le hubiese ocurrido aquello por intentar salvarle. Pero reavivar el recuerdo de su horrible final le animó a no bajar el ritmo.

Un temblor. El rugido del metal oxidado al desprenderse. El fluir del agua. Gritos a su espalda, amplificados por el eco y la terrorífica acústica del lugar. Cada una de sus respiraciones parecía el lamento de un condenado. Empezaron a dolerle las glándulas salivares. Y los músculos de sus piernas le suplicaban un descanso en forma de punzantes dolores.

Otro grito a su espalda. Esta vez de júbilo, como la hiena que descubre un animal moribundo. Ya habrían encontrado al ingeniero.

Eso era bueno. Perderían unos segundos en cebarse con su carne. Eso se traducía en más instantes de gracia para su huida. Se juró a sí mismo que le organizaría un velatorio de honor al anónimo ingeniero, si salía de aquel infierno. Eco de carne desgarrada. Había comenzado el festín. No quería ser el postre.

Una novedad en el paisaje. Una esquina. Se asomó, cauto, pegado a la pared oxidada, para inspeccionar un nuevo posible corredor. La tenua luz de una bombilla parpadeante iluminó una puerta entreabierta a pocos pasos.

Su gozo se esfumó cuando observó una mancha de sangre seca en el pomo de la puerta. Utilizó el sentido común. Puerta con sangre, mal. Pasillo infinito, pasable. No había otra opción. Si quedarse en el pasillo, o aventurarse por la puerta.

Gritos a su espalda. La lógica dejó paso a la supervivencia, y se coló por el hueco de la puerta. Agarró el pomo de la puerta que daba al interior de la nueva estáncia, y cerró la puerta. Dió gracias al cielo. Había un par de escobas abandonadas en el frío suelo. Eran de las de metal. Las agarró y las encajó entre las asas de la puerta.

Ya nada podría entrar. Maldijo sus pensamientos. Tampoco salir. Si lo que habia hecho derramar esa sangre seguía en esa habitación.

Otro problema. La bombilla que iluminaba la espacio circundante a la puerta se apagó. Las tinieblas envolvieron la estancia, e instintivamente, se puso a palpar las paredes a su alrededor. Había dos paredes a la izquierda y a la derecha. Detrás estaba la puerta. Y...

Ni Einstein podría haber sacado una conclusión más satisfactoria. O el único camino posible era hacia delante, o se había encerrado en un armario.

Confirmó sus sospechas dando una patada hacia delante, y de hizo daño en el dedo gordo del pie al estrellarse contra un cubo de fregar y una pared. No podía quedarse ahí escondido hasta que le rescataran. Sencillamente porque en pocas horas horas estaría todo inundado.

Otra vez gritos. Pero esta vez extraños. No eran como los que escuchaba desde hace rato. Estaban más cerca. Mucho más cerca...

Unas perlas de sudor bajaron por su cuello. Sudor frío. Levantó instantaneamente la cabeza hacia arriba. No veía nada. pero un aliento putrefacto le inundó los sentidos, un aliento caliente, y nauseabundo. La criatura del techo se abalanzó contra su cara cuán vástago del octavo pasajero.

Los dientes de la criatura se clavaron en su rostro, perforaron su carne, y la sangre corrió por su cuello y sus hombros. Una viscosa lengus se filtró por su nariz, y le obstruía los pulmones. Sus esfuerzos por zafarse de los tentáculos del monstruo fueron inútiles, pataleaba y chillaba como un cerdo en San Martín. Pensó en la muerte, y en que en pocos instantes se reuniría con el ingeniero.

Y sus gemidos cesaron.



Afortunadamente, unos romanos que habían viajado en el tiempo, desde la antigua Britania, armados con unas M-16 de fabricación norteamericana, le salvaron de la bestia :D





P.D.: Espero que mi primer relato corto de ficción os haya gustado. Es posible que a partir de ahora tenga más lectores por culpa de cierto chivato ¬¬. Bueno, espero que los que hayan captado el guiño del final, hayan disfrutado. A mí me ha gustado, básicamente porque lo he escrito yo XD. Aunque claro, no son lo mismo las cosas que pienso, que las que consigo plasmar después en un texto T.T . Bueno, ya iré evolucionando.

P.D.2: Si el relato tiene buena acogida, tal vez lo continue. Y si lo continuo, borraré eso de los romanos XD.