"Seré un genio, y el mundo me admirará. Quizá seré despreciado e incomprendido, pero seré un genio, un gran genio, porque estoy seguro de ello".
Salvador Dalí

jueves, 5 de marzo de 2009

...Y puede al fin volar

Es curioso cómo cambian las cosas de un momento a otro. Las apariéncias engañan muchísimo. Sobretodo con las personas. Independientemente de lo que parezca a simple vista, nadie es ni negro, ni blanco... sólo hay matices de gris. Todos llegamos a considerar a otra persona algo así como... un monstruo. Me alegra descubrir de vez en cuando que ciertas personas pueden darme más de una sorpresa.

Y hablo de la comprensión. De ponerte en el lugar de otro y no juzgarle. Entenderle. No ser el implacable monstruo que nos atemorizaba a todos por las noches en la infancia. Pero ésos monstruos existen. Existen. Y crecen y crecen y crecen... 

Las mentiras no paran crecer desde que les das vida, hasta que confiesas. Pero retiro lo dicho en una de mis anteriores entradas: las mentiras sí que mueren. Hoy lo he descubierto de primera mano. Soy un mentiroso, no puedo evitarlo. Tengo 16 años, en ello consiste mi forma de vida... Creo que ésta ha sido la mentira más grande que he hecho nunca. Porque pasa que todo comienza con una mentirijilla, luego otra, y otra, y al final todas se unen formando una gran bola... La mayor bola que he hecho jamás, que llevaba casi 2 meses engordando un poquito más cada semana, hoy, ha caído. 

Cuando una mentira te tiene acorralado contra la pared, amenaza con explotarte en la cara, somos testigos del verdadero sentido de supervivencia del hombre. Nos agarramos a cualquier clavo ardiendo, alimentando más y más al monstruo que hay ante nosotros, intentando que se nos dé más tiempo para despistarle y escapar un día más del juicio...

He ahí la única forma de matar a una mentira. Ríndete. Acepta el funesto destino que tú mismo te has labrado, arrodíllate y pide clemencia, como a la propia parca. Es ahí dónde la mentira muere ante tí, al perder su único sustento de vida, tu miedo a ser descubierto. Hoy me acorralaron, tuve dos opciones, seguir resistiendo con garras y dientes, o reconocer la derrota. Y me sentí liberado de mis cadenas. El miedo se fue, el verdadero monstruo calló.

Dicen que a un héroe se le mide por su valor, no por su fuerza o su inteligencia. ¿Sabéis qué os digo? Siempre he querido ser un héroe. Sólo soy una tortuga que quiso cambiar su caparazón por una espada, pero descubrí que con tener valor, sacar la cabeza del caparazón y enfrentarse al ardiente sol... Temí al juez, y resultó ser comprensivo y me concedió el perdón.

Hoy me siento libre. Hoy puedo salir del caparazón y gritar al mundo entero, al cielo, a los valles, a las montañas, a los mares, a los dioses antiguos y nuevos y a todas las estrellas del firmamento que...


P.D.: Me acabo de acordar de Juan Salvador Gaviota :)

P.D.2: ¿Quién dijo que las tortugas no podían volar? =)

"La verdad os hará libres"
-Jn 8, 22