"Seré un genio, y el mundo me admirará. Quizá seré despreciado e incomprendido, pero seré un genio, un gran genio, porque estoy seguro de ello".
Salvador Dalí

viernes, 15 de mayo de 2009

Como un tesoro

Alejarse de los seres queridos siempre duele.

Pero bueno, todos tenemos que aceptar que eso forma parte de la vida, ¿no? Es un paso más, marca el final de una etapa y el principio de otra, mejor o peor. Ésto ocurre cada vez que pierdes a un ser querido. Unas veces es un "adiós" y otras solo un "hasta mas vernos".

Cuando es el primer caso, poco se puede hacer, simplemente aceptar lo inevitable, guardar muchas fotos, recuerdos y vivencias, y atesorarlas hasta el inevitable día en que nos reunamos con nuestros seres queridos. Ahí a lo mejor depende de las convicciones de cada uno, si cree o deja de creer en un cielo, un infierno, una reencarnación, una nada... Aquí hablo de mis abuelos, pues los únicos recuerdos que tengo de ellos son fotos, y aunque las veo una vez cada tantos años, me recuerdan que debo portarme bien, porque no se han ido.

Ahora el segundo caso. A veces las personas se nos van antes de morirse, sea a otro país, otra ciudad, a otro colegio, a otra oficina... No se van de éste mundo, se quedan mucho más cerca, pero al mismo tiempo se interpone entre nosotros un abismo insalvable, de un par de calles, o de miles de kilómetros. Y a veces las razones son tan inevitables como la propia muerte, no se pueden detener, tienen que pasar, pues forman parte del ciclo.

Hablo de cuando te cambias de colegio y abandonas a todos tus compañeros de clase de toda la vida, hablo de los primeros niños con los que jugaste en el parque, hablo de aquél par de amigos con los que maquinabas en los recreos, hablo de aquellas chiquillas que te gustaban, hablo de aquella profesora que te reñía cuando no tenías los deberes hechos y te dedicaba una sonrisa después de cada examen.

Hablo de dejar tu colegio de primaria, lo único que has conocido nunca y empezar la secundaria en otro sitio, hablo de los primeros días de clase en un colegio nuevo y todo el mundo se interesaba porque te integraras, hablo del profesor cabrón que te mandó a septiembre por no saber hacer las volteretas, hablo de la profesora de mates que te suspendió las mates a propósito para que te esforzaras y sacases un 9 después, hablo de las conversaciones de besugo con cada amigo nuevo de clase, hablo de la primera novia y el primer beso, hablo de la seria directora del colegio que da tanto miedo, hablo de todas las broncas en los recreos decidiendo qué película es mejor, hablo de decirle a tu profesor que no es ni guapo. ni deportivo, ni juvenil como dice él, hablo de aquellos compañeros que se cambian de colegio como hiciste tú antes que él...

Hablo de hoy, hablo de la graduación de mi novia, hablo de las despedidas de los profesores, hablo de los recordatorios de los buenos y los malos momentos, hablo de cuando mi novia lloraba en mi hombro y yo la abrazaba fuerte para no ponerme a llorar yo también, hablo de todas ésas personas que después de unas pocas semanas no volverá a ver salvo al cruzárselos por la calle, hablo de lo que duele separarse de las personas con las que llevas media vida riendo y llorando, estudiando y riñendo.

Hablo de que la directora ya no me parecía tan seria, hablo de aquellos profesores que fueron tan duros conmigo porque querian que llegara lejos, hablo de ésas conversaciones de besugo que sigo teniendo cada día, hablo de los compañeros de primaria que me cruzo por la calle y me hacen rememorar las charlas y los parques, hablo de toda la gente que se esforzó para que yo hablara en clase e hiciese amigos.

Estoy aquí delante de mi ordenador, llorando porque mi novia se ha despedido de sus profesores de toda la vida, recordándome a mí mismo que solo me queda un año para tener conversaciones de besugo, hacer bromas con los profesores, hacerme fotos con mis amigos, porque en un año yo también me graduaré y estaré ahí en medio llorando como un niño, porque jamás olvidaré a aquél profesor, ni a aquellas chiquillas, ni a esa directora tan seria, ni esos pasillos dónde te conocí.

Y por eso guardo todos esos recuerdos como oro en paño, porque al final de la primaria aprendí lo que se siente al despedirse de una etapa del ciclo, crecer, sean recuerdos buenos o malos, porque son un tesoro como nunca se ha visto antes, más grande que el mundo, más brillante que el oro y la plata, más alegre que aquél aprobado en matemáticas.

Por favor Empar, aprovecha éstas semanas de recuperaciones y Selectivo para hacerte fotos con todos los capullos de clase y todos los profesores que te han suspendido, porque los echarás de menos, y te quedarás como yo, que no atesoré los suficientes recuerdos cuando tuve la oportunidad, y te pasarás una noche como ésta llorando frente al ordenador, emocionada por las despedidas de otra persona.

Quiero volver a ver a mis amigos de primaria, a mis profesores, caminar por esos pasillos... y querré hacer lo mismo con mi colegio de ahora dentro de unos años.

Juro que cuando esté en la universidad me pasaré a visitar el colegio de vez en cuando, para recordar anécdotas, y lo mismo haré cuando deje la universidad, durante todo el tiempo que pueda, para hablar y hablar y hablar de los viejos tiempos...

"No se ponga triste ante una despedida. Una despedida es necesaria para volver a reencontrarse. Y un reencuentro, después de un momento o después de toda una vida, es algo inevitable si somos amigos de verdad"