"Seré un genio, y el mundo me admirará. Quizá seré despreciado e incomprendido, pero seré un genio, un gran genio, porque estoy seguro de ello".
Salvador Dalí

sábado, 14 de abril de 2012

Y del monte Aleph hacia todas las cosas

El otro día escuché a un compañero de clase decir que él no celebraba jamás los cumpleaños, pues seria celebrar estar un año más cerca de la muerte.

Filisteo.

Seré breve. Ya tengo 20 años y un día. Este fin de semana culminará un cambio en mí. Un cambio del que fui motor y empecé a gestionar hará ya un par de años. Hoy, en el primer paso de mi tercera década, me siento dueño de mi destino y de mi camino. Me siento orgulloso de haber sobrevivido nada más y nada menos que 20 años a mí mismo. Y casi exactamente año después de experimentar una disociación del yo en la cima de una montaña bajo ola de calor. El castigo/regalo de Lorenzo.

Puede ser un regalo. Sí, estar a punto de morir entre alucinaciones puede ser una experiencia enriquecedora. Puede. Porque cada uno es libre de interpretar el mundo como desee.

He ahí el secreto. Cada uno de nosotros llega a este valle de lágrimas con unas gafas de distinto color, que podemos ir cambiando como queramos a lo largo de la vida. Hay quién se ciega más y hay quién se las gradúa con frecuencia. Y al morir nos retiramos las lentes.

Yo elegí hace años cuál sería mi manera de ver el mundo, de ver oportunidades de crecimiento en todas las penurias, en disfrutar al máximo este año extra de vida que me fue concedido, viajando y deleitándome con cada abrazo y bocanada de aire, pues debí morir en aquella montaña, y no fue así.

Y en vez de hundirme en el nihilismo pasivo de este pozo en el que el mundo se está hundiendo, decidí coger las riendas de mi destino, dirigir mi canoa.

Pues celebro un año más cercano a mi muerte. Celebro estar un año más cerca de un lecho rodeado de hijos y nietos, del suspiro satisfecho de una vida plena, de la sonrisa suprema y eterna de ver las lágrimas a mi alrededor, por mí.

Celebro el comienzo de una década, que se caracterizará, pues yo lo decido así, y haré todo lo que esté en mi mano por que sea así, por ser la década en que me convierta en un übermensch, una voluntad, un caminante digno y noble en la rueda del tiempo, una flecha hacia el horizonte infinitamente alejado, infinitamente inalcanzable. Celebro que me ungiré como distinguido guerrero de mi causa, la mía, mi estandarte y mi baluarte.

Me investiré como tortuga que, al salir del huevo, se arrastra sola hacia el mar. Como tortuga que se sumerge en las profundidades de sí misma, para resurgir como bella y serena guardiana de los secretos del bosque, pues es elefante, oso, serpiente y león, pues cuando quiere, es, y no le afecta lo que vean los demás, pues en su caparazón guarda el nombre de todas las cosas. Como tortuga que se levanta sola. Como tortuga que no caza, sino que espera, longeva y paciente. Pues soy tortuga, porque soy un gato y por fin tendré nombre. Armadura pesada como los continentes, vieja como el tiempo, caparazón de dragón que se dobla cuan junco. Y es que esta tortuga vuela, y vive en el bosque, y corre más que las mentiras, pues así lo desea, así lo decide, y así es.

Porque esta tortuga es marina o de tierra cuando le place, para enderezarse cuando se de la vuelta por el peso de sus propio caparazón. Sola, con su único esfuerzo.

Pues en su caparazón está Dios. Porque el mundo es distinto según la manera de verlo, y esta tortuga ve el mundo como place, lo moldea a su antojo y voluntad. Pues lleva a Dios dentro suyo, es espíritu, y puede dar forma a su mundo, puede crearlo. Puede ver vida en la muerte y puede ver muerte en la vida. Pues todo es nada y nada es todo.

Así veo yo el valle. Así es.

Como ciertas cosas que son más ciertas todavía. Pues no solo remo mi propia canoa. Elijo el río que atravieso, o el desierto o la cueva o el sendero o el espacio silencioso, atenuado por cantos de ballenas y arpas en templos lejanos. Pues quiero ver a Dios y ser como él.

Pues el mundo es un inmenso páramo lleno de sonrisas, y mientras las vea, viviré.


¿Hacia dónde vuela Gran A'Tuin? Realmente no me importa. Solo sé que no se detiene.



Pues así es Om, tan grandioso en su simplicidad



Nosotros llevamos el fuego. Siempre listos.

lunes, 2 de abril de 2012

Los pájaros tienen vértigo

Es la ventaja y a la vez la maldición de estar con un “friki”. Tiene el corazón de un pájaro y echará a volar con gran facilidad. A perseguir el viento te dirá muchas veces. Y le alejarás cada vez que intentes seguirle. Y es que jamás podrás volar hasta las alturas que alcanza él, más cercanas a Lorenzo según pasan los años.
Y es que es duro volver a tierra y recordar las alturas. Y cada vez se irá más lejos y más tiempo. Pero conténtate con que vuelva. Conténtate con que decida bajar de las nubes por ti. Porque tus sonrisas sean comparables con el abrazo del viento bajo el sol caliente. Porque es duro volver a tierra.

Y cada vez que eche a volar se irá muriendo un poco. Porque perderá de vista el suelo, la vida, el mundo real que le quiere atrapar. Morirá un poco cada vez que salga de la jaula. Pues la jaula es la vida, y la muerte es eso, su vida. Su muerte en vida, su vida en la muerte, el infinito delirio en que se sume cada día, esperando que algún día alguien aplaste la jaula, y explorar una nueva dimensión con muchos soles e infinitas llanuras de viento que surcar.

Pues un soñador es lo que posees. Y lo poseerás sin poseerlo. Sin poseerlo lo poseerás, será tuyo su canto por los siglos de los siglos, pues el que no busca es el que encuentra.
Y cuando lo entiendas, conocerás el nombre del viento.

P.D.: ¿Quién dijo que las tortugas no podían volar?

Y es que creo firmemente que los pájaros tienen vértigo. Pero mira cómo vuelan. Pues solo el que tiene miedo puede llegar a ser valiente.