"Seré un genio, y el mundo me admirará. Quizá seré despreciado e incomprendido, pero seré un genio, un gran genio, porque estoy seguro de ello".
Salvador Dalí

jueves, 12 de junio de 2014

Buscando a Nemmeno

A ver qué me sale...

Ya no recuerdo la última vez que cabalgué a través de tus líneas. sí, tus líneas, un camino que se iba construyendo a medida que avanzaba, "que se hacía al andar". Parecía que todo estuviese medido al detalle, pero todo surgía con espontaneidad y naturalidad, como la espuma que se desprende de las olas que chocan contra las arenas del tiempo.

oh, el tiempo, quién desentrañara tus secretos. Pero no me engañas, no creas que me engañas. Tú, embaucador supremo, te cacé en el juego del gato y el ratón, soy el pequeño roedor y me di cuenta de la disposición de los pasillos, que sí son infinitos, pero con un orden caótico o un caos muy ordenado, el cosmos en ciclo, el ciclo cósmico. Uroboros te recorre y reina en ti, pero tienes tus derroteros y pasadizos, pequeñas buhardillas y salones de baile.

Lo vi, pues es evidente, soy un mago.

¿Quién soy? Soy el ser que quiere ser dejando de ser, pero por ser no es lo que es y es lo que no es, pues no siendo se es, y si se es, nada es. ¿Ser o no ser? Me falta, al menos, una alternativa (o menos un doceavo).

Y sobre los números, ¿cuál es el mío? ¿Cuántos soy? Primero fui el cuatro, cuando me hice dos, y cuando llegaban las tres ya quería que llegasen las cinco, y después me bendijo el nueve, luego el uno, luego el nueve me maldijo también tres veces (¡un número roto!). Y el 23 en todas partes. Y ahora el 28 es otro número sagrado, puerta de entrada y de salida a otros mundos (siendo el 29 la otra cara de su moneda particular).

Allá voy, ¿qué querrá decir mi corazón?

Esta es la historia del gato que no se quiso reír porque una bruja le decía siempre que se riera, pero él no se dejaría avasallar, el solo reiría cuando fuera de su agrado y complacencia en el instante y moemnto y particularidad que él decidiera y procediese según las circunstancia,s es decir, cuando quisiera, y si es eran de verdad, esas risas bañarían el mundo, pero él no quería bañar el mundo, no ese mundo, ese mundo no se lo merecía, simplemente no creía que fuese digno para ser purificado con su felicidad, su energía, su fuerza, su fuego, el fuego que ardía en todas sus entrañas, en cada poro de su cuerpo, él era vida, la vida, y ese mundo estaba marchito, o al menos florecido, pero si no estaba florecido, ¿Podría él ayudarlo a florecer de todas maneras? ¿Era esa su obligación? Era su deber o no debía quejarse de un mundo muerto y marchito si él no lo regaba con la miel de vida, pues el secreto de las aguas de Yggdrasil velaba bajo su pelaje, en el fondo de su vientre, como un Buda que todo en él contiene, incluido el vacío. entonces decidió que reiría en soledad y tristeza por un mundo que no había llegado, él seria el mundo, sería él mismo siempre y en toda circunstancia circunscrita al haz de los acontecimientos y tiempos y lugares. él seria uno en todas partes, y todas sus partes en el Único. así que decidió reír, y bañó al mundo de sí mismo, pues él llevaba el fuego. Pero se odiaba a sí mismo porque había comido tortugas.

Esta es una historia que me conté a mí mismo todas las noches de mi vida.

Frente a hogueras sin llama en océanos de arena donde las nubes danzaban como olas, y los vientos del este traían penas, los del oeste traían rabias forjadas, los del sur traían los sueños y los del norte la Voluntad.

¿Quién soy?

Un pozo donde hay muchos. Y no se conocen todos. Y solo es una habitación en los Salones del Tiempo de Uroboros.