"Seré un genio, y el mundo me admirará. Quizá seré despreciado e incomprendido, pero seré un genio, un gran genio, porque estoy seguro de ello".
Salvador Dalí

jueves, 5 de noviembre de 2015

Respirar

Hacía tiempo que no me sentía tan sereno.

Me duele la cadera, me pesa la cabeza, siento un aroma extraño en la nariz al respirar, tengo frío cuando otros tienen calor... estoy enfermo. Me siento enfermo, pero me siento bien... Y estoy bien.

Quiero dormir. Necesito dormir. Dijo Gilgamesh, allá en la antigua civilización sumeria, hace miles de años, que el Sueño es el hermano menor de la Muerte. Quiero morir.

No, no quiero. Me atrae enfrentarme a ese rostro cadavérico que me he pasado la vida entera adornando y temiendo. La vida entera en la muerte. Estoy muerto. ¿Dedico mi vida a la muerte, no es eso una muerte en vida?

¿Será por eso que ahora que me siento enfermo me siento tan vivo? Algo me pasa cuando me siento a escribir... O cuando me siento. Vuelo mucho. O lo intento. Y dedico mi aliento a planificar futuros vuelos. Calculo las direcciones, trayectorias, velocidades, calculo el viento...

El viento no se puede calcular, ni aunque sea para volar. Ahí radica la magia de volar. Es como intentar contar las lágrimas de una guerra, o describir los colores de la bandera de un hombre libre. ¿Tiene acaso?

Acabo de acordarme de mi tortuga. Ya no me acuerdo tan a menudo de darle de comer. ¿No me doy de comer? ¿Me importo? ¿Me cuido? Empiezo a pensar que me castigo a mí mismo intentando calcular mis senos y cosenos...

Quiero inventarme un cuento. Uno sobre Peter Pan. Una nueva aventura, con el viento de compañero, y el hielo y el fuego como escenario de contiendas, no físicas sino del corazón, atrás malandrines, u os haré probar el filo de mi Lacrimosa...

Tengo miedo. El príncipe de la dulce pena fui, también fui un bufón veneciano, pero ahora ya no cantan los pájaros en este corazón muerto y vacío, viejo y crecido, que ha perdido los colores, que ha olvidado el rostro de su padre...

Soy miedo, es mi base, es mi elemento, lo utilizo como escudo, cuan hombre murciélago es mi protector y compañero ante el dolor, pero sin verlo, es como una armadura de cristal negro que solo yo veo a través.

Necesito otra aventura. Caminar, caminar mucho, largo y tendido. Pensar... Pero pensar de verdad, como sólo se piensa con el romero en el aire, el horizonte limpio y la risa cantarina de desconocidos. Necesito un camino.

Perseguir el viento, cuántas veces más... Si no eres de colores, ni caminar del revés, sea que corres como un gamusino, oh la plata...

Desangrábase una flor, herida por el sol...

Me siento un poco más vivo esta noche. Destrozado, aporreado, literalmente. La vida me da golpes, no me resisto, me dejo llevar y caigo con soltura. Mate. Sigo respirando. Saboreo este aire, cálido o refrescante, con un poco de sabor a sangre, de mis nudillos y huesos doloridos.

En unos días vuelvo a mi hogar, Slovensko. Creo que por eso estoy tan inquieto. No he olvidado el primer nombre del viento que encontré...

Krížom Krážom

No hay comentarios: