"Seré un genio, y el mundo me admirará. Quizá seré despreciado e incomprendido, pero seré un genio, un gran genio, porque estoy seguro de ello".
Salvador Dalí

jueves, 5 de noviembre de 2015

Respirar

Hacía tiempo que no me sentía tan sereno.

Me duele la cadera, me pesa la cabeza, siento un aroma extraño en la nariz al respirar, tengo frío cuando otros tienen calor... estoy enfermo. Me siento enfermo, pero me siento bien... Y estoy bien.

Quiero dormir. Necesito dormir. Dijo Gilgamesh, allá en la antigua civilización sumeria, hace miles de años, que el Sueño es el hermano menor de la Muerte. Quiero morir.

No, no quiero. Me atrae enfrentarme a ese rostro cadavérico que me he pasado la vida entera adornando y temiendo. La vida entera en la muerte. Estoy muerto. ¿Dedico mi vida a la muerte, no es eso una muerte en vida?

¿Será por eso que ahora que me siento enfermo me siento tan vivo? Algo me pasa cuando me siento a escribir... O cuando me siento. Vuelo mucho. O lo intento. Y dedico mi aliento a planificar futuros vuelos. Calculo las direcciones, trayectorias, velocidades, calculo el viento...

El viento no se puede calcular, ni aunque sea para volar. Ahí radica la magia de volar. Es como intentar contar las lágrimas de una guerra, o describir los colores de la bandera de un hombre libre. ¿Tiene acaso?

Acabo de acordarme de mi tortuga. Ya no me acuerdo tan a menudo de darle de comer. ¿No me doy de comer? ¿Me importo? ¿Me cuido? Empiezo a pensar que me castigo a mí mismo intentando calcular mis senos y cosenos...

Quiero inventarme un cuento. Uno sobre Peter Pan. Una nueva aventura, con el viento de compañero, y el hielo y el fuego como escenario de contiendas, no físicas sino del corazón, atrás malandrines, u os haré probar el filo de mi Lacrimosa...

Tengo miedo. El príncipe de la dulce pena fui, también fui un bufón veneciano, pero ahora ya no cantan los pájaros en este corazón muerto y vacío, viejo y crecido, que ha perdido los colores, que ha olvidado el rostro de su padre...

Soy miedo, es mi base, es mi elemento, lo utilizo como escudo, cuan hombre murciélago es mi protector y compañero ante el dolor, pero sin verlo, es como una armadura de cristal negro que solo yo veo a través.

Necesito otra aventura. Caminar, caminar mucho, largo y tendido. Pensar... Pero pensar de verdad, como sólo se piensa con el romero en el aire, el horizonte limpio y la risa cantarina de desconocidos. Necesito un camino.

Perseguir el viento, cuántas veces más... Si no eres de colores, ni caminar del revés, sea que corres como un gamusino, oh la plata...

Desangrábase una flor, herida por el sol...

Me siento un poco más vivo esta noche. Destrozado, aporreado, literalmente. La vida me da golpes, no me resisto, me dejo llevar y caigo con soltura. Mate. Sigo respirando. Saboreo este aire, cálido o refrescante, con un poco de sabor a sangre, de mis nudillos y huesos doloridos.

En unos días vuelvo a mi hogar, Slovensko. Creo que por eso estoy tan inquieto. No he olvidado el primer nombre del viento que encontré...

Krížom Krážom

jueves, 12 de junio de 2014

Buscando a Nemmeno

A ver qué me sale...

Ya no recuerdo la última vez que cabalgué a través de tus líneas. sí, tus líneas, un camino que se iba construyendo a medida que avanzaba, "que se hacía al andar". Parecía que todo estuviese medido al detalle, pero todo surgía con espontaneidad y naturalidad, como la espuma que se desprende de las olas que chocan contra las arenas del tiempo.

oh, el tiempo, quién desentrañara tus secretos. Pero no me engañas, no creas que me engañas. Tú, embaucador supremo, te cacé en el juego del gato y el ratón, soy el pequeño roedor y me di cuenta de la disposición de los pasillos, que sí son infinitos, pero con un orden caótico o un caos muy ordenado, el cosmos en ciclo, el ciclo cósmico. Uroboros te recorre y reina en ti, pero tienes tus derroteros y pasadizos, pequeñas buhardillas y salones de baile.

Lo vi, pues es evidente, soy un mago.

¿Quién soy? Soy el ser que quiere ser dejando de ser, pero por ser no es lo que es y es lo que no es, pues no siendo se es, y si se es, nada es. ¿Ser o no ser? Me falta, al menos, una alternativa (o menos un doceavo).

Y sobre los números, ¿cuál es el mío? ¿Cuántos soy? Primero fui el cuatro, cuando me hice dos, y cuando llegaban las tres ya quería que llegasen las cinco, y después me bendijo el nueve, luego el uno, luego el nueve me maldijo también tres veces (¡un número roto!). Y el 23 en todas partes. Y ahora el 28 es otro número sagrado, puerta de entrada y de salida a otros mundos (siendo el 29 la otra cara de su moneda particular).

Allá voy, ¿qué querrá decir mi corazón?

Esta es la historia del gato que no se quiso reír porque una bruja le decía siempre que se riera, pero él no se dejaría avasallar, el solo reiría cuando fuera de su agrado y complacencia en el instante y moemnto y particularidad que él decidiera y procediese según las circunstancia,s es decir, cuando quisiera, y si es eran de verdad, esas risas bañarían el mundo, pero él no quería bañar el mundo, no ese mundo, ese mundo no se lo merecía, simplemente no creía que fuese digno para ser purificado con su felicidad, su energía, su fuerza, su fuego, el fuego que ardía en todas sus entrañas, en cada poro de su cuerpo, él era vida, la vida, y ese mundo estaba marchito, o al menos florecido, pero si no estaba florecido, ¿Podría él ayudarlo a florecer de todas maneras? ¿Era esa su obligación? Era su deber o no debía quejarse de un mundo muerto y marchito si él no lo regaba con la miel de vida, pues el secreto de las aguas de Yggdrasil velaba bajo su pelaje, en el fondo de su vientre, como un Buda que todo en él contiene, incluido el vacío. entonces decidió que reiría en soledad y tristeza por un mundo que no había llegado, él seria el mundo, sería él mismo siempre y en toda circunstancia circunscrita al haz de los acontecimientos y tiempos y lugares. él seria uno en todas partes, y todas sus partes en el Único. así que decidió reír, y bañó al mundo de sí mismo, pues él llevaba el fuego. Pero se odiaba a sí mismo porque había comido tortugas.

Esta es una historia que me conté a mí mismo todas las noches de mi vida.

Frente a hogueras sin llama en océanos de arena donde las nubes danzaban como olas, y los vientos del este traían penas, los del oeste traían rabias forjadas, los del sur traían los sueños y los del norte la Voluntad.

¿Quién soy?

Un pozo donde hay muchos. Y no se conocen todos. Y solo es una habitación en los Salones del Tiempo de Uroboros.

lunes, 21 de octubre de 2013

Krížom Krážom

Antes de empezar, debo mostrar algunos de los posibles títulos que estuve barajando para bautizar esta entrada, para que podáis haceros una idea de lo complicado que ha sido para mí intentar ordenar todo lo que recogí durante mi viaje. Todos, a su vez, perfectamente válidos para expresar lo que quería contar con este capítulo de mi "diario a voces": Devil's'n'Goblin's, Los tres leones búlgaros, Un polaco llamado Kuba, Las cadenas de colores, El señor de las estatuas, El mar de Thanatos, Žijeme len raz, El nombre del viento, Grifos y peras, Las tierras del otoño, Historia de una ida y una vuelta, El infierno de las tortugas, Hombres de armas, La caza del Leprechaun, La caja húngara, Danzarín del agua, Ilustres viajeros, Madurando a marchas forzadas, El estadista de Bratislava... el que más cerca estuvo de alcanzar el título fue "La chelista de Belgrado".

“En un agujero en el suelo, vivía un hobbit. No un agujero húmedo, sucio, repugnante, ni tampoco un agujero seco, desnudo y arenoso, sin nada en qué sentarse o qué comer: era un agujero-hobbit, y eso significa comodidad...

Es muy extraño sentarme aquí de nuevo. No extraño de desconocido o incómodo. Extraño de lejano, cambiado, familiar. ¿Recordáis esa sensación cuando, ya en la universidad, volvéis a pasar por delante de vuestro antiguo colegio, y la fachada os devuelve a la cabeza recuerdos de tiempos lejanos, y pensáis en pasar echar un vistazo, saludar, y os cruzáis con antiguos profesores y pasillos que ya no parecen tan largos, ventanas que ya no miran tan alto, aulas que os hacen pensar en mundos mágicos casi olvidados? ¿Recordáis cuando volvisteis a vuestro hogar como extraños? Pero aún os sentíais como en el hogar. Y entonces entras en el patio, y te sientes completamente en casa porque un niño te pasa una pelota y entonces, casi instintivamente, la lanzas a canasta.

Pero ahora eres más alto.

Empecemos por el principio. ¿Qué fue de mí durante estos últimos meses? Me vi arrastrado por las circunstancias (y una certera dosis de voluntad) a una aventura a más de dos mil kilómetros de casa. Una beca Erasmus, ni más ni menos que en Eslovaquia. Un país del que apenas sabía nada más que el nombre cuando lo puse en la solicitud para la beca (solo porque me gustaban los nombres de la ciudad y de la universidad). Ni mi familia ni amigos sabían mucho más que yo. Todos me preguntaban que porqué me iba tan lejos, a Checoslovakia o Eslovenia, nunca se aclaraban. Y yo contestaba que me quería ir hacia lo desconocido. Descubrir algo nuevo. Cuando me lo preguntaba a mí mismo, contestaba: a la oscuridad, al bosque tenebroso, a la boca del lobo, a la peregrinación, a la aventura, a la muerte.. y eso último solo significa, ni más ni menos que, al miedo.

"En una laguna perdida en el cielo, se encuentra una laguna azul, que solo conocen aquellos que tienen la dicha de estar en mi Clan"

Decidí viajar hacia mí mismo.

Y sus padres se alegraban por nosotros, y nos invitaron a una bebida muy especial que solo sacaban para familiares y amigos muy cercanos, y nos envidiaban por poder tener la oportunidad de ver mundo tan jóvenes. Y se alegraban de que estuviéramos allí. Y nevaba mucho.

Decidí llevar a cabo una travesía hacia lo desconocido, imposible de planificar demasiado. Una aventura en la que me viera forzado (forzado por mi propia y previa voluntad) a dejarme mecer como una hoja al viento. Una ruta azarosa por el desierto, en busca de algún dragón de San Jorge cuya búsqueda me confiriera valor, orgullo, historias y canciones. Sí, buscaba algo así como una canción.

Huí de mi hogar para perseguir el viento. O para madurar a marchas forzadas.

Y eran todas muy guapas y simpáticas, y querían pasar el rato con nosotros, y nos intentaron enseñar a pronunciar lo que estábamos bebiendo, y en realidad querían que les trajésemos viento y canciones de nuestros mares a sus montañas, pues allí, para todas aquellas sencillas gentes, éramos aventureros.

Sí, en realidad huí. Huí de la monotonía, huí de la desesperación y sinsentido de lo cotidiano. Huí de mi familia, mis amigos, mi novia, mi habitación, mi universidad, mi ciudad, mi país, mi cultura. Huí del amor y cariño que tenía en mi pequeña "zona de comfort".

Y cuando estuve a punto de renunciar a todas las estupideces sobre dragones y cuantos de hadas, aquellos de lo que huía, empezaron a derramar lágrimas por mí. Derramaron lágrimas porque me echarían de menos, porque temían por mí, porque se alegraban, porque me admiraban, sí, admiraban mi valor, porque admiraban mi fuerza de voluntad. Y me deseaban lo mejor para mi primera aventura.

Y entonces me sentí maldito, porque debía lanzarme al abismo de lo desconocido. Ahora tenía una deuda. Pues, aún no sé cómo, jamás lloré, y ni siquiera miré atrás después de despedirme en el aeropuerto. Tenia una deuda de lágrimas que devolvería más tarde.

Y el rakia, el vino y el queso bailaban por la mesa, y su padre reía, y sus amigos nos enseñaron a decir cosas sucias. Y seguimos riendo todos juntos, porque ya sabíamos que habíamos nacido bajo el mismo sol.

 Y vaya si devolví esas lágrimas. Pero eso llega más tarde.

Y tras atravesar el primer control del aeropuerto, me vi solo en un no-lugar, una brecha entre mundos, el hogar de los aventureros. Y llegué a Bratislava, y sobreviví yo solo durante dos días antes de moverme a Nitra, mi nuevo hogar durante los siguientes diez meses.

Y el tren se paró y se quedó a oscuras, y los serbios nos dijeron que no tuviéramos miedo... y les creímos, porque sus miradas eran cálidas, y dejamos de tener miedo. Porque eran nuestros hermanos.

Y el viaje a lo profundo de mí mismo comenzó. Encontraría al Señor de las Moscas, lo derrotaría y le obligaría a contarme donde encontrar el viento. Y volvería a mi hogar con fama, fortuna e historias. Y entonces me dediqué a explorar lo peor de mí mismo. Me entregué a mi nuevo Señor y me sumergí en las oscuras aguas de mi laguna, y me encontré con que no era sino un vasto mar, el mar de la muerte. Y entonces sobreviví a un infierno de varios meses luchando contra mis demonios.

Y aquel chico de Cádiz me presentó a su novio checo, y eran muy felices, y no recuerdo cuál era su nombre, pero de verdad que parecían felices, y les deseé suerte de corazón, y entonces separamos nuestros caminos.


Y pasé varios meses de aventura continua. No hubo día en que no tuviéramos un algún plan, alguien con quién navegar, no hubo semana en que no conociéramos ilustres viajeros, no hubo noche que durmiéramos todo lo que nuestros cuerpos deseaban. Pues durante mi búsqueda del viento, aprendí a vivir cada segundo. "Living the fast live" decía a veces. Y se convirtió en mi lema, y me hice un nombre, pues nadie sabía d donde sacaba la energía para vivir. Porque aquellos meses fueron los más felices y dichosos de mi vida. Pues éramos mil amigos, mil buscadores del sentido que intercambiaban canciones y cervezas cada día y cada noche, con mil banderas y blasones de mil colores, y cubrimos de arco iris las estaciones y los bares, las aulas y las calles.

Žijeme len raz, prave tu a  prave teraz


Y pasado un tiempo, dejaron de importarnos nuestros colores. Pues nos hicimos todos hermanos, hermanos de una hermandad sin colores, o al menos no colores que estos ojos puedan captar.

Y en la madrugada en la que partimos a Venecia, busqué a Orión, y el cielo me regaló dos estrellas fugaces, y entonces me di cuenta de que el camino mismo era mi hogar, y bailé la danza del fuego.

Porque llegó un momento en el que ya no recordaba donde estaba. Ya no recordaba Eslovaquia, y dejé de llamarla así para llamarla Slovensko, y aprendí a hablar inglés con aventureros de medio mundo, y aprendí un poco de la lengua de allí, y la gente reía y sonreía cuando intentaba hablar la lengua de sus antepasados, porque me acercaba a ellos, a sus arquetipos y canciones, y me aceptaron como a un hermano más, y seguimos bebiendo todos juntos como si no existiera el amanecer, pues no lo necesitábamos, estábamos juntos y no necesitábamos amanecer, no necesitábamos la luz, éramos libres bajo aquella oscuridad porque nos alejamos de nosotros mismos y nos transformamos, no, no, no nos transformamos, nos descubrimos, sí, nos encontramos a nosotros mismos, porque éramos todos uno, y esa luz que éramos todos juntos era nuestro lucero.

Y canté bajo la lluvia con la chelista de Belgrado, que apenas hablaba inglés, pero sí alemán, y la acompañé a casa, y no sé cómo recordé el camino de vuelta a mi hostal, y seguí cantando bajo la lluvia, porque aquella noche había bailado con el viento.

Y entonces olvidé quién era porque encontré otro yo. Un yo más adentro de mí, un yo colectivo. Un yo que no era español, español, español.

Pues ya no me sentía español. Después de un tiempo hablando en lenguas ajenas con gentes que habían sido criadas con distintos cuentos a los míos, perdí mi lengua y mi bandera, adopté la que no existe, la primigenia, la de mis hermanos del presente, mis hermanos de aquel sueño.

Y nos aventuramos en sitios peligrosos, y no nos pasó nunca nada, y ellos dijeron que fue la suerte... pero yo sabía que fue la piedra mágica que me dio un niño de cinco años antes de huir de casa.

Y entonces sentí que era eslovaco, checo, polaco, austriaco, francés, alemán, húngaro, canadiense, esloveno, italiano, rumano, búlgaro, irlandés, serbio, ruso, turco... Era todos esos y no era ninguno. No nos importaban lenguas o banderas, éramos todos uno, sin límites, el mundo se abría antes nosotros para que no cambiásemos, y sentíamos que teníamos un gran secreto que contar, pues podíamos volar sin alas, y el universo estaba en la palma de nuestra mano, y nunca dejamos de reír, pues nos sentíamos como en el hogar. Ya no teníamos miedo a lo desconocido. Lo desconocido murió al dar el primer paso solo en el aeropuerto.

Y aquella húngara era pequeñita y muy graciosa, y al escucharme hablar español me dijo "I like your language, it's like a song", y me habría enamorado de ella por tan tiernas palabras si no me hubiera enamorado ya de aquellas tierras de otoño.

Pues vimos mucho mundo y mucha gente. Compartimos mil tradiciones de tierras lejanas, bebimos mil brebajes y bebedizos, y fuimos a las mejores fiestas, y las organizamos, y nos acostábamos cada noche sin pensar en lo que haríamos al día siguiente, ni cómo ni con quién. Nuestro hogar era el no-hogar. El único verdadero. Cuando lo desconocido tejió nuestra bandera etérea.

No eches raíces en un sitio, muévete. 
Pues no eres un árbol, para eso tienes dos pies. 
El hombre más sabio es el que sabe que su hogar 
es tan grande como pueda imaginar

Y pisamos mil países, y desaparecíamos misteriosamente, reaparecíamos inesperadamente, y nuestros hermanos de armas nos llamaban aventureros, y nuestros hermanos de los Tatras utilizaron una expresión para denominar nuestras vidas... y una tarde cualquiera, en un lugar desconocido, con gente imprevista y conversaciones inesperadas, sin apenas pretenderlo... hallé el nombre del viento. Y desde entonces lo invoqué, y me enseñó el corazón de Slovensko. Y por ende, del resto de reinos de nuestro vasto mundo.

Y le enseñé a decir "hola", "tonto" y "tíovivo"... y ella me preguntó cómo decir "buenas noches".

Algo así como "dando tumbos", " de un lado para otro", así nos describían a nosotros y a nuestros viajes, y me dí cuenta de lo que significaba Krížom Krážom varios meses después de haber empezado a estudiar la lengua de los Tatras de aquel libro de nombre tan curioso incluso para los eslovacos. Pues uno de los nombres del viento estuvo casi desde el principio de mi aventura Erasmus justo encima de mi mesa. Y me estuvo esperando, y lo encontré cuando dejé de buscarlo, pues me dediqué a disfrutar cada instante, y entre esos sencillos y pequeños instantes se encontraba eso tan grande, esa armonía del caos, cuando hic al azar mi amigo, y me llamé a mí mismo L'udo, porque todo era un juego, jugaba a la vida, y el viento me obsequió con su poder.

Y solo quería hacerme le cena, y escuché ruidos en la cocina, y había una fiesta de halloween, y me preguntaron de dónde era, que qué hacía en su pequeño país, y me invitaron a comer y beber con ellos, como a un hermano más.

Todo era barato en aquellos países. Comíamos y bebíamos como ricos, pues éramos ricos, no siempre en dinero, pero sí en amigos y tiempo para aventuras. Fuimos dichosos porque viajamos por los alrededores, a veces muchos, a veces pocos, pero siempre conocíamos gente y hacíamos fotos, y conocimos muchas culturas y viajeros. Y aprendí mucho de mí mismo porque me vi reflejado en cada uno de los nuevos mundos visitados. No me sentía como al descubrir un lugar nuevo. Me sentía como recordando un antiguo hogar.

Y sus ojos se volvieron tristes al hablar de su hija, y tras el ex-jugador de poker finlandés solo se escuchaba al viento soplar sobre el mar negro.

Y cada día era una fiesta. Era una fiesta por la vida. Todos los días teníamos tiempo, e ideas y amigos con que llenar ese tiempo. Este último año fue la vida. Algunos nos decían que nada de aquello era real, que era todo un sueño, una burbuja que explotaría algún día, el día que cogiéramos el avión "a casa". Pero no les creíamos, porque en aquella vida "burbuja" todos éramos felices porque no estábamos limitados por las barreras ideológicas, políticas y prejuicios de nuestros "hogares". Esa burbuja era como queríamos que fuese el mundo. E íbamos a crear ese mundo nuevo y feliz. Vivíamos en el paraíso, y queríamos difundir las buenas nuevas por el mundo. 

Y no creía en la vida, y me pasé incontables noches intentando imbuirle mi optimismo, y cuando estallé en lágrimas en medio de nuestro bar de siempre, me abrazó y me juró que volveríamos a vernos, porque éramos amigos, y me recordó el optimismo que intenté imbuirle casi ocho meses antes. Y entonces lloré más fuerte todavía.

Pero a veces recordaba el mundo pasado. El mundo que había dejado atrás y que ya recordaba como un sueño muy lejano... ¿No había vivido desde siempre en el centro de Europa con todos mis amigos de los confines? ¿Había existido alguna vez algo distinto a toda aquella dicha? Pero todas estas preguntas tan molestas abandonaban mi mente cada vez que veía la luz del amanecer ir derramándose poco a poco sobre la falda del monte Zobor y reflejaba como fuego ámbar sobre el río. No, no había nada más "afuera". Porque "afuera" no existía. Habíamos visto el mundo, y el mundo era aquello que estábamos viendo y sintiendo en aquel momento. Solo vivíamos el presente. ¡Atención! Ahora y aquí, muchachos, ahora y aquí. ¡Atención! decía un pájaro de mi amigo Huxley. Y él era un hombre sabio, y yo difundía su sabiduría, y la seguía. Vivíamos el presente. No nos preocupábamos mucho del futuro próximo, apenas intentábamos recordar lo pasado, lo lejano, lo muerto. Y estábamos vivos. Así que vivíamos.

Y tenía los ojos más azules que jamás vi, y me escribió en la dedicatoria de la fiesta de despedida "There are a lot of things what I would like to tell you".

Y vivimos en la libertad absoluta. Sentimos que el mundo estaba a nuestros pies. Y viajamos mucho, casa cada semana descubríamos algún lugar nuevo de este vasto mundo. Pues así veíamos la vida, nuestros pies puestos en la tierra para recorrerla. Y vivimos incontables aventuras en tierras lejanas y con ilustres personajes que compartieron nuestro camino más o menos tiempo. Pero todo, absolutamente todos y todos quedaron en nuestros corazones. Como recuerdos que no se olvidan, pues ya no eran competencia de nuestro cerebro. Era nuestro ser el que custodiaba todo. Pues en cada viajes que hacíamos, no conquistábamos solamente nuevas tierras... nos conquistábamos a nosotros mismos. Pues éramos nosotros mismos el terreno que explorábamos. Y cada sonrisa en el camino nos cambió por dentro. Y cuando volvíamos a reunirnos con nuestros hermanos en "el bar de siempre", nos miraban a los ojos y juraban que teníamos un brillo distinto. Y al amanecer, antes de acostarnos para descansar tras viajes y celebraciones, nos mirábamos al espejo, y lo confirmábamos. Cada vez veíamos menos "comarca" en aquel brillo. Teníamos una mirada antigua.

Y lo que pedí a San Nicolás en alguna pequeña iglesia ortodoxa en Bulgaria lo escribí en un papel antes de que mi amigo lo metiera junto a otros deseos en la urna. "Encontrarme".

Pero los meses fueron pasando. Poco a poco comenzamos a despertar. A recordar que existía un final. Y l vimos venir una vez, antes de la navidades, cuando algunos de nuestros hermanos tuvieron que partir a casa, muchos para siempre. Y nos consolábamos, porque aún quedaban muchos meses más que nos tuviéramos que ir nosotros. Aún quedaba mucho para nuestro final. Aún quedaba mucho para la muerte de aquel mundo. Vivíamos el presente.

Y aún hay noches en las que sueño con cisnes de arena y nieve, y todavía me condenan por no haber mojado los pies en el frío mar báltico.


T'api t'api t'apušky, išli mačky na hrušky

Y durante su última noche, nos enseñaron todas las cosas malas que hicieron desde que llegaron... ...y no los juzgamos, porque habíamos visto muchas cosas, y los abrazamos y brindamos juntos, y casi olvidamos que se iban.

Pero llegó el segundo semestre. Y con él llegaron nuevos hermanos, y no eran como los anteriores que partieron, pero los acepté, y no me decepcionaron, pues me enseñaron cosas distintas. Y eso significaron nuevas aventuras.

Y es que la risa irlandesa es la más sincera, cantarina y bonachona de cuantas haya escuchado, y solo rivalizan con ella la sonrisa búlgara, las flores de Moscú, los montes transilvanos o el Danubio bajo el sol.

Y vivimos nuevos peregrinajes alrededor de nuestra joya en el corazón de Europa. Y el tiempo siguió pasando, cada vez más angustioso.

Y es cierto que estábamos borrachos, pero nos propusieron cabalgar a Budapest al día siguiente...  ...y nos fuimos con ellos porque buscábamos aventuras más emocionantes que morir un poco más en nuestras cómodas camas.


Y celebramos una despedida cada semana para algún nuevo hermano caído, otro que partía a las tierras del antes.

Y aquel polaco loco desapareció de nuestras montañas sin avisar ni decir adiós... y tal vez no hizo falta, porque algo nos decía que nos volveríamos a ver frente a algún fuego, pues ya sabía que él era otro buscador.


Y nos quedamos solos. Mi primer hermano y yo. Los primeros en llegar, los últimos en partir. Y nos despedimos de Nitra, nuestro hogar. Nos despedimos con el corazón encogido de aquella tierra más allá de las fronteras, las banderas y las lenguas.

Y había una canción, y sonaba varias veces cada noche... ...y decía "Solo vivimos una vez, el verdadero aquí, el verdadero ahora", mientras saltábamos con nuestros hermanos de más allá del mar.

Pero nos fuimos. Todos se fueron. Todos mis hermanos murieron. Pues ya no están conmigo. Aquel amanecer, el del 28 de junio de 2013, morí. Pues no se puede vivir sin corazón, y lo dejé allí y allá, mil fragmentos en mil rincones del vasto mundo, y el pedazo más grande se quedó en aquel castillo que vigilaba las tierras del otoño. Y llegó el invierno.

Y soñé con tres nueves quebrados. 18 el día en que cedí ante mis demonios. 63, el número del portal, perdido entre la oscuridad. 45, los meses que no alcanzaríamos. Pero acepté el mal como parte del plan. Y me perdoné. Pues hace ya mucho que dejé de creer en las casualidades. Y cuando me encontré con esos números, supe que estaba empezando a volverme loco

Y la aventura terminó. Y al final ya no nos quedaban lágrimas que derramar. Nuestros corazones estaban secos.

Y si tuviera que plasmar todo lo que aprendí este año, sería así:

Quemad las banderas. Quemadlas todas, y los pasaportes también. Y coseos los labios para matar las lenguas del mundo, y comunicaos solo con miradas. Y entonces, y solo entonces, volveréis a ser todos hermanos.

¿Recordáis cuando crecisteis demasiado como para volver a entrar en vuestro agujero hobbit?

Y jamás olvidaré mi último día en Nitra, cuando después de amanecer con ella me llevó al interior del castillo, y me despedí de mi amigo Corgoň y presenté mis respetos al príncipe Pribina, y esperamos al atardecer desde Kalvaria, e hice la foto más bonita de toda la ciudad bajo el Zobor, y la hierba era dorada, y el viento era frío, y ella conocía los nombres de las flores, y yo huía de algún insecto zumbón, y mientras se encendían poco a poco las luces de la ciudad, los dos lloramos.

Y entonces saldé mi deuda.


Ya sé pronunciar tu nombre, amigo Švejk. Na zdraví. O na zdravie, de tu hermano eslovaco L'udovit.

Y dicen que volver es la mejor parte de la aventura... pues no queda sino contar historias.


Y bebimos y lloramos y reímos y cantamos juntos durante meses... 


 ...pero todos se fueron


Pues es el fin del camino... Y ya no sé adónde ir. Pues aprendí que el hogar de la tortuga está dónde ella quiera ir.


Som muž s čiernym klobukom...

...pero mi sombrero se lo ha llevado el viento.




martes, 9 de octubre de 2012

El sake de Binks

Y allá va algo que escribí hace muchísimo tiempo, vestigio de aquellas noches de incendio...

Quisiera ser pirata.

Eso decía el muchacho hace años. Es lo bonito que tienen los jóvenes. Aún sueñan. Sueñan consigo mismos cruzando los mares a bordo de un gran navío, viento en popa a toda vela, adonde les lleve el viento, y vive Dios que se sienten libres. Dicen que solo se puede ser libre en los sueños.

Yohohoho, un gran pirata soy...

Dicen que solo se puede ser libre en los sueños. Y solo los muchachos sueñan. Solo ellos pierden el tiempo pensando en ése montón de desorden, caos y alboroto que es la libertad, ¿para qué tanto follón? Con lo fácil que es prefijarse el camino, alistarse en la marina, ser un hombre respetable, perseguir a los truhanes y delincuentes, bucaneros, corsarios y evadidores de impuestos. Perseguir a todos esos soñadores que intentan huir del orden y la responsabilidad.

La vida pirata es la vida mejor...

Y eso hizo el muchacho. Se hizo famoso en las islas colindantes, por ser un almirante de la marina severo, serio, gruñón y aburrido. Siempre en su gran navío, surcando los mares cazando soñadores (pues los sueños no hacían más que distraer a los jóvenes y ensuciar la bonita y perfecta sociedad, y el equilibrado orden del mundo).

Pero un día ese navío marino se hundió. Un cascarón tan grande no podía aguantar tantos años sin fugas en el casco. Pero el viejo almirante gruñón sobrevivió. Nadó hasta la costa y, exhausto, se rindió en la arena húmeda, dejando que las olas le mecieran el torso, con la mirada fija en el cielo. Y clamó a los mares frente a ese amanecer romántico:

-¡¡¡Yo seré el Rey de los Piratas!!!

Pues el ser humano no puede pasar mucho tiempo sin soñar. Qué le queda de humano sino. Los títeres no sueñan. Simplemente esperan a que les pasen el siguiente formulario a rellenar según la legislación vigente. Y es que un barco marino no aguanta las andanzas del corazón de un muchacho en un cuerpo de hombre. Acaba por hundirse.

-¡Izad la vela mayor! -ordenaba un viejo exalmirante con la ropa raída al parecer a una tortuga que pasaba por allí- ¡¡Zarpamoooos!! -y después de empujar hacia las olas ese atentado contra la ingeniería náutica hecho de troncos, se subió de un salto a la crusoniana balsa, y se despidió con canciones sobre sus perplejas tripulantes gaviotas, el vicealmirante barracuda y su grumete tortuga.

Y así empezaron, esta vez de verdad, aunque tardías, las aventuras del pequeño navío Cuentacuentos, hecho de tablas podridas y palmeras requemadas, sí, pero muy digno y cargado de sueños. Porque aunque se hundiera, volvería a construir otro, y otro, y otro, y otro, mientras le quedase una botella de ron con la que soñar con tortugas en el cielo y damas de plata entre agujas y mariposas de arena...

No.

Ya no hacía falta ni siquiera soñar con nada de eso. Ahora las buscaría.

Un viejo hombre armado solo con una espada de palo en medio del ancho mar. No tenía nada que temer... Pues él iba a ser el futuro Rey de los Piratas =)

Y habría canciones. Sin cadenas se canta mejor.


P.D.: De Hielo y Fuego.

miércoles, 29 de agosto de 2012

Som muž s čiernym klobúkom... naháňa vietor

¿Cómo me vi arrastrado a este viaje inesperado?

Hoy me siento aquí a escribir con muchas sensaciones contradictorias en la cabeza. El corazón no, el corazón no duda. Pero ya llegaremos a eso.

Alguna vez habré hablado del destino, sobre la providencia, sobre el eterno misterio de esta mundo y esta existencia, sobre las casualidades, en las que ya no creo, pero como dicen en el norte, haberlas haylas. El destino, los hilos infinitos que se entretejen para que desemboquemos en un lugar absolutamente inesperado y fuera de nuestro control, haciéndonos meros espectadores y no actores de la gran función que es la existencia.

Mañana me iré. Lejos, muy lejos, a disfrutar de una beca Erasmus en el centro de Europa, y hace apenas un año no tenía ni idea del tema y esas ideas locas sobre viajes no se acercaban a mi melenuda cabeza. Hasta que me vi arrastrado por mis compañeros de clase para presentar una solicitud con ellos. La eché y les dije a todos "Ojalá no me la den, porque qué pinto yo estudiando pro ahí solo en un país y una lengua extrañas, con gente desconocida, a cientos de kilómetros de mis amigos, familia y hogar... ojalá no me la den. Pero si me la dan, claro, mucha gente se pasa años solicitando una plaza de estas, y seria una lástima desaprovechar la oportunidad si me la concedieran, y la gente no se suele arrepentir, salen reforzados, aprenden, cuentan que fue el mejor año de sus vidas, quieren repetir, les cambia por dentro y por fuera y se arrepientes de no haberla pedido antes... Si me la dan, por mucho miedo que tenga, pa'lante, porque me arrepentiría más tarde si la rechazara. Pero como no me la darán, no tengo de qué preocuparme".

Y antes de las vacaciones de navidad me encontraba haciendo el examen de nivel de inglés. Podría no haberme presentado, podría haberme olvidado del asunto no madrugando ese sábado para ir a la universidad a hacer un examen. Pero madrugué, y fui.

Y después de los exámenes del primer cuatrimestre, me fui a Roma con los compañeros, a redescubrir la ciudad mágica que conocí más de un año atrás con gente distinta, y conocimos a unos eslovacos en nuestro albergue. Y a la semana de volver a mi hogar, recibí la fatídica noticia: a Eslovaquia.

Y tuve un mes para renunciar a la plaza, y aún tuve hasta ahora otros tantos meses para hacerlo, pero no lo hice. Aún ahora mismo no estoy seguro de cómo aguanté tanto tiempo.

Bueno. Tal vez sí que influyera que soy una persona horrible. Soy el tipo de persona que cuando gente de su alrededor de la cual no se esperaría jamás que llorara por su vuelta, hiciera eso mismo, llorara, y le dijera cosas preciosas al oído entre música, y que más de le dijera con mirada triste pero sonrisa alegre que le echaría de menos... soy el tipo de persona que después de todo eso, piensa: que esas lágrimas no sean en vano.

Sentirme tan extrañado tal vez sea uno de los motivos más poderosos por los cuales mañana cojo dos aviones: porque me siento querido y no me siento capaz de luchar contra las casualidades que me han atrapado sin piedad para señalarme este nuevo camino.

Alguna vez habré hablado también de la voluntad. La voluntad es la que mueve el cuerpo, es la que mueve los pensamientos, somos nosotros. Las piedras no tienen voluntad, pero sin embargo ruedan, porque se dejan llevar por la gravedad. Las estrellas no tienen voluntad, pero son hasta cierto punto predecibles, como la mayoría de la materia conocida, y hasta podemos descubrir cuándo van a morir. Pero los seres humanos, que hemos superado las barreras del puro instinto animal, un nuevo tipo de existencia más interesante que la de las piedras. Podemos elegir caer o no caer. Con voluntad suficiente, podemos decidir si estar alegres o tristes, si llorar o reír, podemos doblegar la realidad y elegir qué cosas ver y cuáles no, de qué color verla y de cuáles no. Los seres con voluntad podemos ser señores de lo que vemos y sentimos, podemos crear nuestra realidad, podemos asemejarnos a la esencia primigenia de la vida y el Ser. Om la llamo a veces.

Yo decidí ver casualidades. Yo elegí viajar, yo elegí seguir a mis amigos, yo decidí ser esclavo de la burocracia universitaria, yo decidí ser cómo soy en los dos últimos años, yo me gané esas lágrimas, yo elegí mis aventuras. Yo jurar que si me daban la plaza seguiría hacia delante por mucho pánico que tuviera, y aquí estoy, orgulloso de mí, de mi voluntad, del cambio que decidí producir en mí después de conocerme y determinar que quería cambiar ciertas cosas.

Yo elegí ver el destino, yo elegí reírme con los escollos, yo decidí abandonar a mi familia, novia, amigos, la mejor clase de mi vida, mi hogar, mis libros, mi tierra, mi seguridad, para, como dice una canción, "madurar a marxes forçades".

Yo elegí no temer tanto a la muerte y a la desgracia, al sufrimiento y a la mala fortuna.

No. Sigo teniendo miedo. Tengo muchísimo miedo. No he tenido más miedo en toda mi vida. Me siento como cuando subo a una montaña rusa, y el vagón empieza a moverse, y sube la cuesta, y se acerca a la cima, y ya veo el horizonte en toda su inmensidad, y vamos a bajar, no, no, no, QUE BAJAMOS!!!

Tengo mucho miedo, porque ahora me siento como en el instante previo al abismo, sabiendo que no me puedo bajar.

Pero yo elegí memorizar una frase de Eddard Stark, sobre que solo los que tenían miedo podían ser valientes. Y creo firmemente que todos los pájaros tienen vértigo, pero ahí están.

Yo elegí aceptar mi miedo. Estaría loco si no lo tuviera.

Porque mi mente tiene miedo. Peor mi corazón no alberga duda alguna. Me voy a perseguir el viento a una tierra sin mar, donde las montañas aún silban y los bosques aún cantan a pleno pulmón.

Yo elegí que mi hogar serían mis recuerdos. Y la promesa de volver sano y salvo, y devolver las lágrimas que me prestaron.

Porque en Nitra seguro que lloraré. Pero he decidido que aún el día de mi muerte, no me arrepentiré de las lágrimas que derrame de puro terror, porque yo decidí irme a pasar miedo. Porque todos los dioses que buscáis no son ni más ni menos que la voluntad de vivir.

"Hasta luego"

Tortuga Optimista      


P.D: Terry Pratchett: ¿Quién dijo que las tortugas no podían volar? Yo he decidido que esa sea una verdad absoluta en mi universo particular. Porque si se dan la vuelta sobre el caparazón, se dan la vuelta solas, y ganan carreras, y hasta saben bailar... La canoa, el río, el  buen camino, la carretera, la vida, la torre, el viaje, la montaña, la laguna, el fuego, el desierto, la aventura, todo el mismo misterio, cuya gracia estriba en buscar solución y no encontrarla jamás, porque sino, ¿con qué nos entretendríamos? Y ahora me voy a soñar con sueños y castillos y danzas de tierras lejanas... 


P.D.2: Y no me olvido de ti, Švejk, te encontraré y terminarás de contarme tus aventuras, junto al fuego, las pivo y las canciones que para entonces espero ser capaz de entender.

P.D.3: Gracias por llorar por mí. Gracias por empujarme.



...allá donde el Diablo dijo "Buena noches"

sábado, 14 de abril de 2012

Y del monte Aleph hacia todas las cosas

El otro día escuché a un compañero de clase decir que él no celebraba jamás los cumpleaños, pues seria celebrar estar un año más cerca de la muerte.

Filisteo.

Seré breve. Ya tengo 20 años y un día. Este fin de semana culminará un cambio en mí. Un cambio del que fui motor y empecé a gestionar hará ya un par de años. Hoy, en el primer paso de mi tercera década, me siento dueño de mi destino y de mi camino. Me siento orgulloso de haber sobrevivido nada más y nada menos que 20 años a mí mismo. Y casi exactamente año después de experimentar una disociación del yo en la cima de una montaña bajo ola de calor. El castigo/regalo de Lorenzo.

Puede ser un regalo. Sí, estar a punto de morir entre alucinaciones puede ser una experiencia enriquecedora. Puede. Porque cada uno es libre de interpretar el mundo como desee.

He ahí el secreto. Cada uno de nosotros llega a este valle de lágrimas con unas gafas de distinto color, que podemos ir cambiando como queramos a lo largo de la vida. Hay quién se ciega más y hay quién se las gradúa con frecuencia. Y al morir nos retiramos las lentes.

Yo elegí hace años cuál sería mi manera de ver el mundo, de ver oportunidades de crecimiento en todas las penurias, en disfrutar al máximo este año extra de vida que me fue concedido, viajando y deleitándome con cada abrazo y bocanada de aire, pues debí morir en aquella montaña, y no fue así.

Y en vez de hundirme en el nihilismo pasivo de este pozo en el que el mundo se está hundiendo, decidí coger las riendas de mi destino, dirigir mi canoa.

Pues celebro un año más cercano a mi muerte. Celebro estar un año más cerca de un lecho rodeado de hijos y nietos, del suspiro satisfecho de una vida plena, de la sonrisa suprema y eterna de ver las lágrimas a mi alrededor, por mí.

Celebro el comienzo de una década, que se caracterizará, pues yo lo decido así, y haré todo lo que esté en mi mano por que sea así, por ser la década en que me convierta en un übermensch, una voluntad, un caminante digno y noble en la rueda del tiempo, una flecha hacia el horizonte infinitamente alejado, infinitamente inalcanzable. Celebro que me ungiré como distinguido guerrero de mi causa, la mía, mi estandarte y mi baluarte.

Me investiré como tortuga que, al salir del huevo, se arrastra sola hacia el mar. Como tortuga que se sumerge en las profundidades de sí misma, para resurgir como bella y serena guardiana de los secretos del bosque, pues es elefante, oso, serpiente y león, pues cuando quiere, es, y no le afecta lo que vean los demás, pues en su caparazón guarda el nombre de todas las cosas. Como tortuga que se levanta sola. Como tortuga que no caza, sino que espera, longeva y paciente. Pues soy tortuga, porque soy un gato y por fin tendré nombre. Armadura pesada como los continentes, vieja como el tiempo, caparazón de dragón que se dobla cuan junco. Y es que esta tortuga vuela, y vive en el bosque, y corre más que las mentiras, pues así lo desea, así lo decide, y así es.

Porque esta tortuga es marina o de tierra cuando le place, para enderezarse cuando se de la vuelta por el peso de sus propio caparazón. Sola, con su único esfuerzo.

Pues en su caparazón está Dios. Porque el mundo es distinto según la manera de verlo, y esta tortuga ve el mundo como place, lo moldea a su antojo y voluntad. Pues lleva a Dios dentro suyo, es espíritu, y puede dar forma a su mundo, puede crearlo. Puede ver vida en la muerte y puede ver muerte en la vida. Pues todo es nada y nada es todo.

Así veo yo el valle. Así es.

Como ciertas cosas que son más ciertas todavía. Pues no solo remo mi propia canoa. Elijo el río que atravieso, o el desierto o la cueva o el sendero o el espacio silencioso, atenuado por cantos de ballenas y arpas en templos lejanos. Pues quiero ver a Dios y ser como él.

Pues el mundo es un inmenso páramo lleno de sonrisas, y mientras las vea, viviré.


¿Hacia dónde vuela Gran A'Tuin? Realmente no me importa. Solo sé que no se detiene.



Pues así es Om, tan grandioso en su simplicidad



Nosotros llevamos el fuego. Siempre listos.

lunes, 2 de abril de 2012

Los pájaros tienen vértigo

Es la ventaja y a la vez la maldición de estar con un “friki”. Tiene el corazón de un pájaro y echará a volar con gran facilidad. A perseguir el viento te dirá muchas veces. Y le alejarás cada vez que intentes seguirle. Y es que jamás podrás volar hasta las alturas que alcanza él, más cercanas a Lorenzo según pasan los años.
Y es que es duro volver a tierra y recordar las alturas. Y cada vez se irá más lejos y más tiempo. Pero conténtate con que vuelva. Conténtate con que decida bajar de las nubes por ti. Porque tus sonrisas sean comparables con el abrazo del viento bajo el sol caliente. Porque es duro volver a tierra.

Y cada vez que eche a volar se irá muriendo un poco. Porque perderá de vista el suelo, la vida, el mundo real que le quiere atrapar. Morirá un poco cada vez que salga de la jaula. Pues la jaula es la vida, y la muerte es eso, su vida. Su muerte en vida, su vida en la muerte, el infinito delirio en que se sume cada día, esperando que algún día alguien aplaste la jaula, y explorar una nueva dimensión con muchos soles e infinitas llanuras de viento que surcar.

Pues un soñador es lo que posees. Y lo poseerás sin poseerlo. Sin poseerlo lo poseerás, será tuyo su canto por los siglos de los siglos, pues el que no busca es el que encuentra.
Y cuando lo entiendas, conocerás el nombre del viento.

P.D.: ¿Quién dijo que las tortugas no podían volar?

Y es que creo firmemente que los pájaros tienen vértigo. Pero mira cómo vuelan. Pues solo el que tiene miedo puede llegar a ser valiente.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Chocolate con romero o Vals del canalla

El mundo cambia, y no podemos hacer nada por evitarlo.

Lo siento Mafalda, no te puedes bajar. Pero aunque el mundo entero se mantuviera en perfecta quietud... ¿no podríamos cambiar nosotros? Cambiar nuestras gafas sin graduar, eso es. Graduarlas. Analizar el mundo, analizarnos a nosotros mismos, y cambiar en consecuencia. No, demasiado difícil. Se tarda una vida entera en conocer el mundo, otra más para conocerse a una mismo, y no conozco a muchos que hayan dispuestos de dos vidas enteras para conocerlo todo. El término medio, como siempre, parece la solución. Nunca me atrajo mucho convertirme en un daruma. No puedes conocerte realmente a ti mismo mirándote el ombligo solamente. Verte reflejado en el mundo. Es un paso fundamental para conocerte a ti mismo.

Y cuando te conozcas, podrás aceptarte, y ser. Ser lo que quieras. Lo que de verdad ansíe tu corazón. Entonces podrás cambiar el mundo. Cuando comprendas. Cuando comprendas el todo, cuando lo aceptes. Entonces tendrás poder sobre él. Pues el poder reside en la voluntad. Un vector con sentido, una flecha en llamas apuntando desde el arco de Om.

¿Por qué va todo tan deprisa? ¿Por qué pasan los años, cambian la gente y las costumbres, los lugares y las rutinas, los días, las noches, las imágenes y los sabores? ¿Por qué llevo semanas soñando, y recordando en el metro instantes de pequeño, sensaciones y filtros del mundo? ¿Por qué quedan tan lejanas esas infinitas realidades tan distintas?

Mágicas por el hecho de ser diferentes. La perfección en toda su simplicidad, la Variedad.

¡Vuela alto, Eurídice!




"A mí me gusta que las cosas sepan como las cosas"  - Pastelero anónimo con sabor a la Ribera



P.D.: Coño. Pues me ha salido algo. Como ya dije durante mi psicodrama, el que la sigue la consigue.

P.D.2: Un gato me dijo una vez cómo luchar contra los filisteos: con la indiferencia.

P.D.3: Gracias a cierto moscardón, que ahora estará dando un paseo por Copenhague esforzándose por soñar.

P.D.4: Qué gusto da volver a a escribir herméticamente. Pero soltarlo al mundo. Un secreto a voces. Abierto y cerrado a la vez... El camino medio. ¡Esto marcha, esto marcha! ;)


Si queréis paz, preparaos para la guerra. Si queréis vivir, debeis atravesar la muerte. Profundizad para volar. La belleza de la variedad, la magia de la contradicción, sentir que te ríes del universo cuando vives de una paradoja, ir al teatro a su costa, asarse los sesos en una montaña para comprender. Porque solo el que tiene miedo puede ser valiente. El destino solo espera a los que deciden por sí mismos.

¿Que estoy loco?

"Los mayores hallazgos de la historia tuvieron lugar porque sus descubridores no sabían que aquello que intentaban era imposible"   - Terry Pratchett



Y le añadiré un tridente a la alabarda. Cuando ocurra, estaré más cerca de parar el mundo.

Y es que este escrito es el ejemplo perfecto de la velada armonía que reside en el caos.

lunes, 11 de abril de 2011

John Locke

No me refiero al John Locke filósofo empirista. Me refiero al que conocéis todos, el "calvo" de Perdidos (Lost para los fans más acérrimos). Yo ví la serie a cachos, pero sin duda, este fue mi personaje preferido. Por su forma de ver las cosas, por su fe en algún poder superior, por esa sabiduría, por ese optimismo, por su frase: Todo ocurre por alguna razón.

Una frase tan sencilla, y a la vez con tanto significado. Que conste que no soy súperfan de Lost (y odio el final), pero este personaje me encandiló bastante. Es un personaje que aceptó sus limitaciones, aceptó lo que la vida le tiró encima, siempre optimista (o más bien conformista) con lo que pasaba. Un hombre que aceptó sus circunstancias y su pasado, se aceptó a sí mismo, y siguió luchando.

Estos días me he acordado mucho de esa frase de Locke.

Y me recordó una creencia mía de hace tiempo que olvidé: saca algo buen de todo lo que te ocurra.

¿Qué he aprendido con lo que me pasó el sábado en el Montgó? A ir preparado. A no abusar del orgullo y la soberbia, aceptar mis límites y decir "hasta aquí" antes de que sea tarde. Porque no tiene nada de malo tener algunos miedos (como el vértigo...). Aquel que no tiene miedo, es un loco, un inconsciente o un irresponsable. Solo se puede ser valiente cuando se tiene miedo (Eddard Stark). Y está bien ser humilde. Descubrir nuestros límites, rozarlos un poco, y recular hasta un lugar seguro. Ya hemos olfateado suficiente, ¿para qué adentrarnos más en el bosque?

Y gracias a mi "desgracia" del fin de semana, un par de familiares míos han firmado una tregua en su guerra de afrentas expiradas y disculpas ignoradas. Temporal o no, eso que lo decidan los vientos.

Todo ocurre por una razón.

Al final, el haber delirado hasta la amnesia temporal en la cima de una montaña me ha servido de algo. Ha servido de algo.
Gràcies a tots els scouts valencians pel seu suport, i en especial al Impeesa XV de Mislata.


Buena caza y largas lunas


"La esperanza de una felicidad eterna e incomprensible en otro mundo, es cosa que también lleva consigo el placer constante"
"Los hombres olvidan siempre que la felicidad humana es una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias"
John Locke (ahora sí, el otro...)

P.D.: ¿Chicla?

martes, 22 de marzo de 2011

Héroes

Hoy os hablaré de uno de los mayores héroes de mi infancia.

Y no solo de mi infancia, sino de la mitología clásica. Hércules. Sí, ése buen mozo que se volvió loco y mató a su familia. Sí, ese gran héroe de acción griego que superó pruebas y pruebas para ganarse la redención y un sillón en la eternidad (en lo que a vida olímpica/eterna se refiere).

Ha sido y es el prototipo de ejemplo a seguir para la sociedad occidental (clásica 2.0). Se puede ver plasmado desde en películas de acción hasta protagonistas de libros, pasando por series de televisión y chulopollos de cualquier rincón.

Porque eso es un héroe. Un ejemplo, ¿verdad? El héroe clásico no salvaba muchas doncellas en apuros, sino que derrotaba a monstruos y demonios mitológicos con una buena dosis de testosterona y un toque muy sutil de astucia y soberbia en otras gestas.

Conocí la verdad de Hércules un verano que nos mandaron para leer en el colegio una versión juvenil de "Los 12 trabajos de Hércules". Cuando se me cayó el mito del buen chico fortachón que derrotaba al dios de los muertos a lomos de un pegaso, me dí cuenta de lo triste y violento que era el mundo en realidad.

Porque... todos nuestros protagonistas son Hércules. La fuerza lo es todo.

Pero nunca se me quitó de la cabeza la enseñanza principal de la versión de Disney del croissant griego: A un héroe verdadero no se le mide por la magnitud de su fuerza sino por la fuerza de su corazón. ¿Qué significaba eso? ¿No tenia que ser el matón de la clase? ¿Ni un atleta? ¿El gordo empollón de la clase podía ser... un héroe?

Y ése fue mi ejemplo a seguir. Un héroe que defendía a los débiles, no solo con fuerza, sino con inteligencia y bondad, que podía permitirse ser débil... ¿Una patética tortuga podría darle la vuelta al caparazón, levantarse y ser grande?

Pero soy humano. ¿Cómo no iba a desear lo demás? La inmortalidad. Ser recordado... Y que Dios esculpiera mi nombre en las estrellas, los bardos compusieran canciones sobre mis hazañas, y todo gritaran al ver una tortuga con cuatro elefantes sobre la espalda y un mundo sobre ellos surcar el firmamento, y desenvainando una alabarda blanca que quebrara el cielo, y la gente dijera "¡Ahí va el chico de Fil!".

Ése es...

Pero los sueños sueños son. ¿"Sé justo y serás feliz"? Bah...

Pero...

Tal vez... podría ser un héroe sin canciones. Un héroe sin su firma esculpida en las estrellas por los mismos dioses...

Ta vez enseñar a un pequeño lobatillo el significado de la bondad sea suficiente. ¡Qué coño...!

¡¡¡ÉSE ES Y HA SIDO SIEMPRE EL SUEÑO DE LA TORTUGA!!!

¡Ése es el héroe que quiero ser! ¡Un héroe débil! ¡Un héroe sabio!

¡Y en mi lecho de muerte, ser recordado como el ejemplo que todos siguieron, para ser simple y llanamente BUENAS PERSONAS! ¡Ésa es la inmortalidad que yo deseo!

¡Ésa será mi canción!

P.D.:


Yo quiero llegar a ser un héroe para ti.

P.D.2: Y recordad que... ¡La risa alarga la vida! (5)

Te quiero, te quiero, te quiero. Felicidades, mi niña. Y sigue recordándome que hay que seguir viendo la vida como un niño durante muchos, muchos años más.



"Dicen que soy héroe, yo débil, tímido, casi insignificante, si siendo como soy hice lo que hice, imagínense lo que pueden hacer todos ustedes juntos" (Mahatma Ghandi)


Y el Sueño de Primavera llegará cuando todos sigan ese sendero pedregoso... juntos. Hacia el vergel más radiante que se puedan imaginar. Y todos serán héroes verdaderos. Pero aún queda un duro Invierno para eso... Así que hasta entonces sólo queda soñar.