"Seré un genio, y el mundo me admirará. Quizá seré despreciado e incomprendido, pero seré un genio, un gran genio, porque estoy seguro de ello".
Salvador Dalí

martes, 9 de octubre de 2012

El sake de Binks

Y allá va algo que escribí hace muchísimo tiempo, vestigio de aquellas noches de incendio...

Quisiera ser pirata.

Eso decía el muchacho hace años. Es lo bonito que tienen los jóvenes. Aún sueñan. Sueñan consigo mismos cruzando los mares a bordo de un gran navío, viento en popa a toda vela, adonde les lleve el viento, y vive Dios que se sienten libres. Dicen que solo se puede ser libre en los sueños.

Yohohoho, un gran pirata soy...

Dicen que solo se puede ser libre en los sueños. Y solo los muchachos sueñan. Solo ellos pierden el tiempo pensando en ése montón de desorden, caos y alboroto que es la libertad, ¿para qué tanto follón? Con lo fácil que es prefijarse el camino, alistarse en la marina, ser un hombre respetable, perseguir a los truhanes y delincuentes, bucaneros, corsarios y evadidores de impuestos. Perseguir a todos esos soñadores que intentan huir del orden y la responsabilidad.

La vida pirata es la vida mejor...

Y eso hizo el muchacho. Se hizo famoso en las islas colindantes, por ser un almirante de la marina severo, serio, gruñón y aburrido. Siempre en su gran navío, surcando los mares cazando soñadores (pues los sueños no hacían más que distraer a los jóvenes y ensuciar la bonita y perfecta sociedad, y el equilibrado orden del mundo).

Pero un día ese navío marino se hundió. Un cascarón tan grande no podía aguantar tantos años sin fugas en el casco. Pero el viejo almirante gruñón sobrevivió. Nadó hasta la costa y, exhausto, se rindió en la arena húmeda, dejando que las olas le mecieran el torso, con la mirada fija en el cielo. Y clamó a los mares frente a ese amanecer romántico:

-¡¡¡Yo seré el Rey de los Piratas!!!

Pues el ser humano no puede pasar mucho tiempo sin soñar. Qué le queda de humano sino. Los títeres no sueñan. Simplemente esperan a que les pasen el siguiente formulario a rellenar según la legislación vigente. Y es que un barco marino no aguanta las andanzas del corazón de un muchacho en un cuerpo de hombre. Acaba por hundirse.

-¡Izad la vela mayor! -ordenaba un viejo exalmirante con la ropa raída al parecer a una tortuga que pasaba por allí- ¡¡Zarpamoooos!! -y después de empujar hacia las olas ese atentado contra la ingeniería náutica hecho de troncos, se subió de un salto a la crusoniana balsa, y se despidió con canciones sobre sus perplejas tripulantes gaviotas, el vicealmirante barracuda y su grumete tortuga.

Y así empezaron, esta vez de verdad, aunque tardías, las aventuras del pequeño navío Cuentacuentos, hecho de tablas podridas y palmeras requemadas, sí, pero muy digno y cargado de sueños. Porque aunque se hundiera, volvería a construir otro, y otro, y otro, y otro, mientras le quedase una botella de ron con la que soñar con tortugas en el cielo y damas de plata entre agujas y mariposas de arena...

No.

Ya no hacía falta ni siquiera soñar con nada de eso. Ahora las buscaría.

Un viejo hombre armado solo con una espada de palo en medio del ancho mar. No tenía nada que temer... Pues él iba a ser el futuro Rey de los Piratas =)

Y habría canciones. Sin cadenas se canta mejor.


P.D.: De Hielo y Fuego.

2 comentarios:

clinica dental madrid dijo...

Me parecen frases llenas de sentimiento. Enhorabuena, me han gustado

galletas cookies dijo...

La vida pirata es la vida mejor... una frase que me encanta, me recuerda a mis tiempos jóvenes con el club disney pirata