"Seré un genio, y el mundo me admirará. Quizá seré despreciado e incomprendido, pero seré un genio, un gran genio, porque estoy seguro de ello".
Salvador Dalí

domingo, 5 de abril de 2009

La Justícia del Rey

La calle a esas horas de la tarde estaba abarrotada.

Mujeres corriendo con niños de la mano, llorando, hombres empujando a su ganado por los callejones para sacarlos a las calles principales, y familias enteras recogiendo sus últimas pertenencias de sus casas. Un carro tirado por bueyes cortaba el paso a la Plaza del Pescado mientras su dueño, agobiado, hacía lo imposible por obligar a los bueyes a caminar. 

Por lo que parecía se negaban a pasar sobre el cadáver que se pudría en la calzada. La sangre seca marcaba los restos de un riachuelo carmesí que fue a parar a las alcantarillas. Como los bueyes entorpecían el paso de toda la gente, unos hombres se ofrecieron a ayudar al campesino a mover el carro para abrir el paso.

A Edd no le sorprendió aquello. Decenas de cadáveres cubrían las calles desde hace semanas. Las infecciones producidas por los restos ya hacían estragos entre la poca población que accedía a quedarse en la ciudad. Mucho de esos pocos estaban evacuando sus casas para buscar el cobijo de los bosques. Sólo se quedaban ya los ancianos ya demasiado viejos para viajar o para abandonar el lugar dónde nacieron y crecieron. Los demás eran aquellos estúpidos jovenzuelos que querían mostrar su valor y ganarse un nombre entre los alrededores porque defendieron el asedio de Galenos. Nombre que gastarían para calentarse en las faldas de cualquier moza de burdel o ganarse una canción. Qué daño estaban haciendo los bardos.

Ya había 5 hombres empujando a los bueyes, pero éstos se negaban a acercarse al cadáver. Otros vecinos los habían apartado y tiraron a la entrada de otro callejón, pero la sangre seguía cubriendo la calle, y el olor a muerte no agradaba a los animales. Edd tenía demasiada prisa, y veía a la gente desesperada. Acarició con la mano el pomo de su espada.

De un par de tajos, acabó con el miedo de los bueyes.

-¿Pero qué ha hecho? ¡Mis animales! ¿Ahora cómo podré llevarme mis cosas? -el anciano campesino se cubría la cabeza con las manos y siguió gritando a Edd mientras éste revisaba las mercancías del carro sin prestarle mucha atención.
-Olvídelo todo, insensato. No podrá salir de la ciudad con todo ésto. Los de fuera tienen la orden de dejar salir a la gente que quiera abandonar la ciudad, pero estad seguro de que unos algunos os seguirán hasta que os hayáis alejado sificiente de la muralla, os rajarán el cuello y se llevarán vuestro carro. Coja lo que pueda y váyase lo más lejos posible. Pero salve la vida. Los que no carguen con demasiadas pertenencias que tengan la bondad de ayudar a éste hombre con las cosas que puedan.
-¿Y porqué no se rinde la ciudad ya? Así no tendríamos que huir...
-Yo también desearía saberlo... Pero es la justícia del Rey.

El anciano se tranquilizó y bajó la mirada. Sin volver a dirigirse a Edd, cogió un par de sacos de carro y se marchó. Dijo a la gente de la calle que era cierto que no podría llevarselo todo, así que podían quedárse todo lo que quedaba en el carro. Desgraciadamente, antes de decir ésto, ya había unos cuantos saqueadores desvalijando el carro.

Era lo que tenían los asedios. Miedo en las calles, evacuaciones, lo que no confían en la fuerza de su Rey y ven la batalla perdida, huyen a las ciudades próximas, o con sus parientes del campo. Los cadáveres, seguramente víctimas de los saqueos, se pudrían en las calles, y animaban a más y más gente a abandonar la ya escasa seguridad de las murallas.

Los de fuera lo sabían muy bien. Sabían que si dejaban una ruta libre para salir de la ciudad, la gente se pondrían de su parte, se rendirían y habría menos resistencia al tomar la ciudad. Y estaba funcionando. La moral de las guarniciones de las almenas seguía menguando, y muchos soldados se habían ido para unirse a la filas enemigas o simplemente salvar la vida. Pronto tendrían que capitular. 

Ya con la calle despejándose, Edd siguió caminando hacia las puertas del castillo.

Los porteadores, armados con largas alabardas de plata y ataviados con lustrosas armaduras del mismo tono, le abrieron las puertas con reverencias, y lo escoltaron al salón de audiencias del trono.

Se notaba un marcado contraste entre la miseria de las calles de afuera, y el ambiente de lujo del castillo. Varias doncellas cargaban con gráciles pasos bandejas con patos asados y demás frutos de la cacería del día, seguramente para la cena de ese misma noche.

¿Podría el regio estómago del Rey con todo eso él solo?

Las visagras de las altas puertas del salón de audiencias se abrieron con chirridos que revotaron por todos los rincones del castillo y del corazón de Edd, que temía por su futuro. Por su futuro y el de toda la ciudad.

-¡El consejero real, Eddard Tallheart, Mano del Rey, solicitando aundiencia ante Su Majestad!

Unos murmullos recorrieron la fría bóveda de piedra después del anuncio del heraldo. Al cabo de unos instantes, Edd olló su nombre desde el trono del Rey, y los demás asistentes salieron de la estancia para continuar luego con sus demandas al monarca.

-¿Os encuentro en buen momento, Majestad? Parecíais ocupado.
-No, no, no, no, mi fiel Eddard, al contrario, me has salvado de un dolor de cabeza... -el rostro de piedra del Rey exaló un profundo suspiro, y continuó- Los representantes de los gremios de comerciantes, que amenazan con abandonar la ciudad y dejarnos sin reservas. ¡Viles alimañas!
-Pero, mi señor, estamos bajo asedio, la gente huye, los mercados estan vacíos, los muertos se amontonan en las calles, y se nos acgotan los víveres. ¿Quién querría quedarse?
-¡Silencio! No seas insolente... Son todos unos cobardes... El asedio acabará pronto, es cuentión de tiempo que se cansen, o se rindan al ver que no pueden atravesar nuestras murallas...
-Pero, mi señor, ya ni siquiera atacan las murallas, solo esperan a que toda la ciudad se rinda sola, atacarán cuando no tengamos ni soldados, lo cual puede ser mañana mismo...
-¿Te opones a las decisiones de tu rey? ¡Jamás me rendiré ante esa escoria! ¡Mientras quede la última de las piedras de ésta ciudad en pie, seguiré siendo el amo y señor de éstas tierras!
-¡Majestad, el pueblo se ha ido! Los pocos que quedan se mueren de hambre. Tenéis que capitular...
-¡Soy su rey! ¡Y como tal vivirán como su rey ordene! Al fian y al cabo, es su deber quedarse, y proteger a su rey hasta el final...
-¡Abunda la comida en el castillo! Dad un poco a los pocos súbditos fieles que os quedan, no...
-¡Son mis víveres personales! Resistiré aquí los meses que hagan falta... Y ya que mencionaste a los cobardes que huyen de la ciudad, voy a ordenar que pontan barricadas por el interior de las murallas, para que no escape nadie más...
-¡¿Convertiréis ésta ciudad en una prisión?! Dejad de un lado el orgullo, vuestro reinado ha acabado, capitulad y os perdonarán la vida, y la ciudad quedará impune...
-Si esos canallas entran en la ciudad, volarán en mil pedazos....
-... ¿Qué?
-Lo que oyes... En el caso de que enviaran una ofensiva contra nuestras murallas y nuestras mermadas guarniciones, e incluso si osaran llegar hasta este castillo... He ordenado ocultar ingentes cargamentos de pólvora por toda la ciudad... Si yo caigo, que mis fieles súbditos caigan conmigo, y qué mejor forma de hacerlo que llevándose a todo el ejército invasor consigo...
-Ag... Majestad... Os habéis vuelto loco...
-¡¿Loco?! Eso nunca, mi joven Eddard... Soy un rey, y merezco un final a la altura de mi nombre. Compondrán canciones sobre cómo aniquilé a mis enemigos con mi último aliento de llamas y azufre... ¡Lo merecen, por osar enfrentarse a mí! ¡Es la justícia del rey! ¡Mi justícia! Otorgada por los mismos dioses, los antiguos y los nuevos, los del norte y los del sur, los del hielo y los del fuego, los del cielo y el mar...
-¡¿Condenaréis a vuestro pueblo por una canción?!
-¡¡¡Es mi derecho divino!!!
-¡¿Qué os ha pasado?! La guerra os ha desquiciado. ¿Qué fue del sabio y benevolente monarca al que sirvieron mis padres... ?

El roce del acero contra la vaina de cuero. Una risa gutural ahogada por el frío metal cortando el aire. El susurro de la sangre derramada...

Las puertas se abrieron, y los soldados entraron, alertados por el grito. Uno de ellos contempló la escena y se adelantó.

-¿Qué es esto? ¡Lord Eddard, ha asesinado al Rey!
-Y orgulloso que estoy de haber librado al reino de éste tirano... ¿Porqué no me dí cuenta antes...?
-No oponga resistencia, mi lord. Debemos arrestarle.
-¿Y quién me va a juzgar por el asesinato del Rey? Su justícia se ha ido con él... Enviad un heraldo a fuera de las murallas. Capitulamos.

Los soldados se miraron entre ellos, conmocionados, confusos, sin saber a quién debían lealtad ahora...

-¡No os quedéis ahí parados! Vuestras familias podrán al fin comer. Se acabó la oscuridad en ésta ciudad. Tendremos un nuevo rey, que sea su Justícia la que valore mis actos... Cualquier destino valdrá la pena por haber librado al mundo de otra canción sobre un loco con aspiraciones de dios.


Estaba intentando encontrar ayuda en los antiguos diarios militares del General Tacticus, cuyas inteligentes campañas habían tenido tanto éxito que había prestado su mismo nombre a la persecución detallada del éxito militar, y finalmente había encontrado una sección titulada Qué Hacer Si Un Ejército Ocupa Un Terreno Bien Fortificado y Elevado y el Otro No, pero como la primera frase era 'Procura ser el de dentro', había perdido bastante interés.
          -- Terry Pratchett



P.D.: Perdón por llevar un mes entero sin escribir. Entre las Fallas, los exámenes, Isaac Asimov y la vagancia propia de la adolescencia, no encontré tiempo para el blog. Ya tenía éste relato a mitad desde hace un mes, y hoy por fin me decidí a continuarlo. No os preocupéis, habrá mas reflexiones luismisóficas cuando me haya terminado Segunda Fundación, que será en pocos días (perdonad que me ha salido un poco larga la entrada xD)

14 comentarios:

Calvarian dijo...

Así que la justicia del rey murió con él. A veces hay que ejercer de juez. Esperemos que tu protagonista haya tomado la decisión correcta.
Abrazox

Sorny dijo...

Que sea larga es lo de menos. Son increíbles estos relatos.
Lo que importa es el pueblo, el rey es lo de menos, si para salvar al pueblo ha de morir, que así sea.

Saludillos Luismi

Nerea Ferrez dijo...

gracias por tus comentarios, de verdad. ¡nos seguimos leyendo! besos de una poeta rusa

I. Sierra dijo...

Lo mío ha sido un final de curso, y el año que viene toca Inglaterra. Yo aunque el país esté en crisis como no vaya me da algo xD
Un saludo!

Steiner Copete dijo...

¿La resaca de las Fallas te dura un mes? Increíble.

Venga va, sigue con tus relatos.

Emma dijo...

Injusta justícia la de este Rey, que sólo pensaba en su ego...

Me alegro de tu regreso. Espero que los exámenes hayan ido bien ;)
Un abrazo.

Osa Mimosa dijo...

Un poco larga?? Tengo q decirlo, m he muerto leyendo, y más... eso, que sabes q no me gusta. Pero como x tí ya sabes lo q soy capaz d hacer, no pasa nada.
Espero q no vuelvas a tardar otro mes hasta que vuelvas a escribir, vago ¬¬
Te quiero.

estela dijo...

Me encantó este relato. Acabara con una vida para salvar miles. Acabar con la tiranía de un rey, hombre al fin y al cabo.

Todo tirano debe probar su propia medicina.

Felicidades Luismi.

besos.

Marinel dijo...

No te preocupes,Luismi, se entiende que des prioridad a otras cosas, antes que al blog...
Interesante historia sobre un déspota loco y endiosado que debía morir a espada...
Suena cruel,pero más lo es preferir que muera mucha gente e incluso enclaustrarlos por interés propio y sin medir las consecuencias...
Buen relato,amigo mío.
Besos.

El_Valencianet dijo...

Me encantan las historias medievales y mas si la cantan lo juglares y mas aun si son valencianas pero en fin jeje... a ver, esta entrada me ha gustado, tenia su guerra, su héroe, un rey loco y te faltaba una doncella en apuros jeje es broma xDD, pero debo decirte que en guerra un rey nunca está solo, siempre tiene a medio metro un Alfar o un vigila, y en guerra el rey, como este que has escrito, ya estaría a mas de 1000 Km de distancia, eso si, me encanta tu ideología de revolución y cambiar la justicia de manos, que lástima que no podamos hacer lo mismo con el gobierno español actual ^^ : Garzón, Solbes, Blanco, de la Vega, ZP...

Very Good Luismi, Cuidate my friend!!

Jose dijo...

¡¡Al fin luismi!! Ya tenia ganas de leer algo tuyo, me ha gustado, y que un texto sea largo no tiene nada que ver con que este se haga largo, al mismo tiempo que un texto corto puede ser el mas largo y pesado jamás escrito.

El tuyo se hace corto jeje

Sigo esperando una novela xD
Podrías pensar en un personaje y hacer un capitulo por mes jeje estaría interesante.

Saludos luismi

ALMAGRISS dijo...

Estás disculpado por tu tardanza (no des explicaciones, sé un artista y oblíganos a esperar con avidez otro de tus relatos, jeje)
Sinceramente, si en la vida real alguien hubiese hecho lo que ha hecho el protagonista de tu historia, mejor nos hubiese ido... ¿te imaginas que alguien se hubiese cargado a Hitler antes del exterminio de los judíos? Nada sería igual... pero aquí estamos, aguantando la "justicia de los reyes"...

Pedro dijo...

Pues a mí no se me ha hecho nada largo, por algo será. Se te dan bien los relatos épicos, ¿para cuándo un libro?

Abrazos.

Pd.: ya te darás cuenta de que lo de la vagancia no tiene nada que ver con la adolescencia. Es eterna.

El antifaz dijo...

Precioso relato, muy actual. Hoy también nos asedian (de otra forma) y el rey no hace nada. sólo piensa en él.
Saludos.