"Seré un genio, y el mundo me admirará. Quizá seré despreciado e incomprendido, pero seré un genio, un gran genio, porque estoy seguro de ello".
Salvador Dalí

martes, 9 de febrero de 2010

Dama de plata

Noche cerrada.

El viento aúlla suave y afilado entre las torres. La piedra gris cruje, une su gruñido a la particular canción de la noche. Un gato pardo con la cola mestiza, entre el carbón y la cebada, atiende a la llamada, y maúlla, aguardando. Es secundado por un parpadeo ciego en la cima de la más alta aguja gris que se recorta entre las nubes. Por fin la luna asoma. Ha terminado la canción, y el gato recula con paso elegante entre los tejados, adonde le lleve el viento.

La cima de la más alta torre se despide de él con un nuevo destello, esta vez más brillante por los blancos rayos del blanco astro. El filo de la alabarda parece poder cortar soberbia de un rey, y su punta de lanza de atravesar el corazón de un coloso. La apoya entre dos almenas y abre su macuto. Pan rancio y queso. El banquete del vigía. No le han dado ni una bota con agua para que pase, pero él reserva siempre una botella de vino de los bajos ríos, entre los fardos, para las noches como aquella.

Las estrellas. Mil ojos vigilan al vigía bajo la guarda de la luna más grande y brillante que pueda ver jamás el hijo de un granjero al que el capitán de la guardia debía un favor. Maravilloso. Único. Sensacional.

Mal fario en su pueblo.

Esa noche iba a pasar algo grande. Así que mejor pasarla con el gaznate caliente.

Ya han pasado varias horas. El contenido de la botellas es pesimista y el vigía ya lleva rato cantando a las ubres de la señora Tell. El eco de sus obscenas canciones retumba entre las agujas grises, y ningún gato ha acudido a acompañarlas. Iba a pasar algo grande.

Toc toc toc

La trampilla se estremeció con los poderosos golpes de un brazo enérgico. El ebrio vigía se levanta tambaleándose y abre los pestillos de la placa de madera del suelo. Se levanta con fuerza y le da un golpe en las rodillas, y termina de perder el equilibrio. Un trueno familiar le martillea los oídos mientras una mano enérgica le salva de besar el suelo.

-Enhorabuena, la ciudadela entera ya conoce a todas las putas con las que has amanecido en tu vida. ¿Te tengo que relevar o el vino ya no te permite vigilar a las piedras?

-Bu... na... bubu... ueeen... asnoch...

-Se te va a caer la alabarda por las almenas y atravesará toda la calva del capitán Hack si te descuidas, borrachín...

-Nos... to... to... toborrasho.

Un enérgico gigante lo bajó a rastras a una sala en la base de la torre. Un cubo de agua fría espabiló a vigía, y al poco rato pudo hablar de nuevo correctamente. El grandullón volvió a liberar su voz de trueno, esta vez con un tono amigable, y hasta paternal:

-Lo de la putas era broma, eh. Si sé que en el fondo siempre le cantas al mismo par.

-A tu madre. Mira, no me andes con tonterías, me vuelvo arriba que tengo que... -un brazo de roble le cortó el paso, y unos ojos grises, como la roca, de una profundidad más antigua que los la misma ciudadela, le encadenaron a su sitio.

-Todavía la amas. -le decían aquellos ojos grises, más con una ordenanza que con una afirmación- Y cuanto antes aceptes lo que ocurrió, menos tiempo sufrirás. Te lo dice un amigo. -y las piedras grises se convirtieron en una cálida hoguera, grises aún, pero que invitaban a cantar junto al fuego canciones de hermandad.

-Ehh... -suspiro- me vuelvo arriba... No estoy para sermones.

La madera de la trampilla crujió a abrirse, y una luz nívea le cegó un instante. Un gato pardo aguardaba sobre una almena, junto a la hoja brillante de la alabarda, relevando al vigía por unos momentos.

Mal fario del gordo.

Y la saeta de fuego atravesó la cola mestiza entre carbón y cebada, después la cabeza del gato, y las llamas rojas rivalizaron el destello blanco de la luna y las estrellas. Una segunda flecha impactó contra la hoja plateada de la alabarda, y esta se precipitó al vacío por entre las almenas. No se oyó un alarido del capitán Hack. Eso era que la había esquivado, o que las saetas le acertaron antes.

Una lluvia de fuego iluminó el cielo, y el vigía sin alabarda volvió a refugiarse bajo la trampilla.

-¡Cagüen la puta! ¡Que nos atacan! -su gigantesco compañero ya empuñaba un hacha que no tenía nada que envidiar a las ventanas de su casa, y con una seña le indicó que agarrara la espada de la mesa.

Armados y pertrechados, salieron de la torre para unirse a la defensa de la ciudadela, pero el fuego decoraba las calles, las ciudadanos gritaban y corrían y unos pocos soldados intentaban apagar los fuegos que les cortaban el paso por las calles. Se unieron a la tropa que se dirigía a las murallas. Las agujas grises parecían ahora antorchas bajo la luz de la luna. Ya divisaban los portones, destrozados ya por un ariete, y una oleada de armaduras negras con destellos azules vaticinaban ya una noche de sangría.

Y qué grande.

No les dio tiempo a desenvainar las armas, cuando otra oleada de agujas de fuego cayó del cielo y les atravesó las gargantas.

El duro suelo. El sonido de la sangre borbotear. Mil ojos blancos guardando su descanso. El ciello en llamas por miles de puntos. La canción del viento, que imbuía la luna de más magia de la que podría ver jamás el hijo de un granjero.

Ese era su último cielo. Y no lo dudó. No dudó sobre a quién regalárselo.

Maullaron mil gatos pardos. Y una alabarda de plata, cuan verdugo blanco, le cercenó la garganta bajo la luz de la luna.



P.D.: Nunca me saldrá como a Martin. Sigo esperando para volver al Muro.

7 comentarios:

El_Valencianet dijo...

(aplauso) (aplauso) (aplauso)
Sin palabras me dejastes...
Veo que vuelves Luismi.
Me alaga seguir leyendote...
Eres uno de las pocas personas que escriven algo, por poco que sea... y me hacen viajar al mundo escrito.

Brabo. "con eso lo defino todo"

Espero que sigas escribiendo amigo

Osa Mimosa dijo...

Me uno a Sergio, me alegra a mi también leerte de nuevo, por eso no me cansaré en insistirte en que lo hagas porque cada vez lo haces mejor.
Por fin vuelves.
Te quiero.

Emma dijo...

Como echaba de menos leerte Luismi, eres grande joven amigo, no dejes NUNCA de escribir. Besos!

tia elsa dijo...

Escribes muy bien, tienes talento. Besos tía Elsa.

Marinel dijo...

Guauuuuu(en español)ja,ja,ja
Luismi, eres sorprendente chaval.
Aunque siempre he visto una vena(gruesa¿eh? digamos que arteria)en ti de escritor, con esto que acabo de leer me quedo absolutamente convencida de ello.
Me ha encantado la forma en que has desarrollado el sentimiento, la trama e incluso ese final magistral.
Y no lo digo por hacerte cumplidos,de verdad.
Un absoluto placer.
Muchacho, por nada del mundo dejes de escribir,¿vale?
Avísame porfa,cada vez que lo hagas, pues ando ajetreadilla y puede pasárseme y no quiero.
Un besazo junto a mis felicitaciones.

LadyRugi dijo...

Me alegra una vuelta tan a la altura de su autor.

Bienvenido de nuevo.

Tropiezos y trapecios dijo...

Cuando te visitaba desde Deprisa ya me parecías bueno. Ahora he vuelto desde mi nuevo proyecto y flipo...

Has crecido literariamente en tres meses lo que yo no he sido capaz de crecer en cinco años. Me encanta como escribes y creo que aún puedes seguir explotándolo mucho, me has recordado muchos los textos del maestro Terry Prattchet, sobre todo los de la saga de la guardia nocturna.

Me ha gustado el relato, bien ambientando y con acción. Incluso se deja entrever un poco el tema sentimental que te hace empatizar con el personaje.

Un saludo.