"Seré un genio, y el mundo me admirará. Quizá seré despreciado e incomprendido, pero seré un genio, un gran genio, porque estoy seguro de ello".
Salvador Dalí

martes, 27 de mayo de 2008

El show de Truman

Como ya hice en su día con La vida de Brian, ahora "copypasteo" una crítica de El show de Truman, esta vez de FantasyMundo.com. Creo que puedo decir, sin miedo a equivocarme, que este es mi película favorita. Este análisis describe muy bien el sentido de la película y lo que sentí la primera vez que la ví. Si os convence, os invito a que sobrecarguéis el emule un poquito más.


Peter Weir dirige una de las películas que más representa la actualidad en la que estamos inmersos, una alegoría de la sociedad teledirigida. “El Show de Truman” (1998), es un reflejo de la realidad mediática, de la ambición de los directivos que se esconden tras las cadenas televisivas, que manejan como títeres a unas cabezas de turcos en Reality Shows con el objetivo de obtener beneficio económico.
“Han llegado a aburrirnos esos actores que expresan falsas emociones, nos cansa la pirotecnia y los efectos especiales. Si bien el mundo de Truman es una falsificación, el propio Truman no tiene nada de falso, sin guión, sin apuntador, no es siempre Shakespeare, pero es genuino, es una vida”. Así da comienzo el film, aparece ante espectador el semblante de Christof, un Ed Harris serio y decidido que nos habla del protagonista de su programa estrella: The Truman Show. Contrapuesto a este plano aparece otro de Truman, que tras una cámara situada detrás del espejo del baño dice mirando al frente: “No vais a poder conseguirlo. Vais a tener que seguir sin mí.”. Es muy acertado el guiño que realiza el director en este apunte al inicio del film, pues entrelaza las dos declaraciones con el objetivo de presentarnos qué vamos a ver en la cinta, cuáles son las intenciones: las del director de exprimir el éxito y las de la estrella de rebelarse. Además de éstas aparecen otros diálogos de algunos de los personajes del film mientras se intercalan los créditos propios del programa televisivo y no de la película. Estamos ante un inicio que augura un buen desarrollo de la trama.

Día 10.909. Éste es un día más en la vida de Truman Burbank, muy atusado, sale de su casa, saluda a sus vecinos, un dálmata le asalta para que lo acaricie…y de repente… crashhh! un foco se hace pedazos cayendo aparentemente del cielo. Él se acerca asustado, incrédulo, pero se va al coche. Éste es el primer punto de giro que se muestra en la película, pero la radio lo arregla mientras nuestro protagonista conduce hacia el trabajo alegando que un avión había sufrido una avería ¿No estarás pensando en coger un avión? dice el locutor en aparente modo retórico…esto no ha hecho más que comenzar.

Técnicamente se nos muestra al espectador del film tal y cómo vería el programa un telespectador ficticio, pues se intercalan continuamente escenas propias con zooms, diferentes enfoques, emplazamientos y muestra directa de productos publicitarios (modo de financiación del programa que lleva toda una vida en directo) para pasar a posteriori a los planos más subjetivos y narrativos que entrañan el interés de la película.

Curiosamente, nuestro muñeco budú trabaja en una compañía de seguros, lugar en que está al tanto de todo tipo de accidentes y no es mera casualidad, pues a lo largo de toda su vida le han inmiscuido el miedo al mar (pues su padre murió en una tormenta) o el pánico a volar. Pero los deseos de nuestro héroe televisivo ya se han hecho esperar por mucho tiempo. Va a realizar el sueño que siempre ha tenido en mente: viajar, explorar otros territorios, arde en deseos de escapar y de ir a las islas Fidji. El por qué más tarde…

Poco a poco se van a ir intercalando escenas de los espectadores de este programa, amas de casa con un cojín en el que está impresionado el rostro de Truman, los compañeros policías que están de descanso en la ronda, la gente de la barra de un bar…etc. Se crea el ambiente de una sociedad pegada a la televisión.
La idea de no poder vivir sin esa “caja tonta” que tanto nos ha marcado y que tan presente está en nuestra vida cotidiana. Pues Truman está en antena desde el día en que nació, ha crecido para y por los espectadores y lo más increíble de todo es que él no sabe nada, vive en un mundo imaginario, en una isla denominada Seahaven construida en un rincón de la costa de Florida. Todo lo que le rodea es ficticio y sus pautas y comportamientos han sido encauzados desde su nacimiento por el bien del Reality. ¿Es esto justo? ¿Hasta qué punto se puede jugar con la vida de una persona? ¿Y más sin su consentimiento? Esta idea es una hipérbole que expresa hasta qué punto puede llegar la ambición por la audiencia, las masas mediáticas y la ambición por beneficios cuantiosos de cifras inimaginables.

Destacan programas como Big Brother en su homónimo español Gran Hermano que hacen de la vida en directo de los demás una variedad de entertainment, de reality del que puedan gozar los telespectadores al ver cómo otras personas desarrollan una serie de actividades cotidianas delante de una serie de cámaras. No es más que una canalización del morbo por ver cómo otras personas son observados hasta el punto de sentirlos como una parte nuestra, pues desayunamos junto a ellos, cenamos, los vemos constantemente…

Aunque el guión ha resultado de lo más original y fue nominado a las estatuillas, es bien cierto que esta idea ya se había plasmado anteriormente. Fue un joven director español, Felipe Jiménez Luna, quién realizó en 1.996 un cortometraje de 18 minutos denominado “Te lo mereces” que narraba la historia de Manolo, interpretada por Carlos Iglesias, quién descubre que toda su vida ha sido un montaje cuando asiste a un programa de televisión. Una casualidad de ideas, quizás, pero sí una señal del sentimiento de que estamos siendo observados constantemente.

Y es que no es justo que el protagonista de esta historia, en uno de los mejores papeles interpretados por el extravagante Jim Carrey, no tenga derecho ni de siquiera elegir a la persona con la que quiere compartir su vida. Pues ésta es otra baza que le hará recapacitar y plantearse otra forma de ver la vida, como ya se ha mencionado el tema de la huída.
Son Silvia y Fidji los dos nombres que han estado rondando en su cabeza desde hace tiempo. Silvia es el nombre de una chica que conoció en la universidad y de la que no dejaron que se enamorara, cosas del guión, pero consiguen escaparse por un tiempo y ella logra declararle que es todo un montaje. “Todo es falso, es decorado, es TV, ¡escapa de aquí!” fueron sus palabras mientras se la llevaban los de producción, él se queda anonadado y un supuesto familiar le dijo que se la llevaría a las Fidji.

Es a partir de este punto en el que nuestro héroe quiere escapar y lo va planificando poco a poco, en el sótano tiene un mapa y objetos relacionados con su viaje e incluso un retrato de la joven que ha ido componiendo con anuncios de revistas, toda una muestra de su deseo de reencuentro.

Por cotidianeidad y por observación propia del protagonista se van a ir sucediendo diferentes hechos excelentemente plasmados en pantalla y con el acompañamiento de un cambio en la banda sonora (ahora con música más desafiante y no tan apacible) que le van a hacer recapacitar: como es el caso de desviarse de su rutina hacia el trabajo, se da cuenta de que todos le observan, un descuido del locutor de la radio al dejarse el micro abierto, los dedos cruzados en la fotografía de boda de su mujer, las ansias de ésta por tener un hijo de repente y hasta el reencuentro con su padre que durante años creyó muerto…todo esto lo llevará a realizar varios intentos de huída, uno en coche, otro en autobús pero siempre controlados por los miembros del programa. Pero habrá uno con el que no cuenten, como es la idea de montar en una barca y someterse a un naufragio dirigido por Christof, que ante la posibilidad de perderlo de escena decide que se active el mecanismo de tormenta para que regrese con el riesgo de que pueda morir.

Truman dará una lección por sí mismo a todos los que le rodeaban, el producto televisivo ha sido capaz de desligarse de todas las ataduras impuestas superando incluso el miedo al mar al escapar del lugar donde se sentía observado, en el que a él mismo ya nada le parecía real. Y al que desafía al gritar “¿No sabéis hacer nada mejor? ¡Tendréis que matarme!”

Por primera vez se corta la emisión y cuando lo encuentran tras la tempestad, está tendido en el barco junto al retrato de recortes. De repente, la prueba inequívoca de la irrealidad en la que ha estado viviendo se hace latente al romper la proa de su barco el decorado azul que antes le parecía el infinito. Ha llegado hasta el final y ahora consigue tocar con sus manos el panel, lo golpea, llora, comprende el engaño y se dirige a unas escaleras, ve la salida, abre la puerta, pero no la cruzará sin que antes Christof, el creador, le dirija unas palabras que se escuchan de entre las nubes. “Soy el creador del programa de televisión que llena de ilusión a miles de personas. Eres el protagonista. Ahí fuera no hay más verdad que el mundo que he creado para ti, las mismas mentiras,(…) pero en mi mundo no tienes nada que temer. Te conozco mejor que tu mismo, tienes miedo por eso no puedes marcharte (…)”.

Como un dios creador, Christof le asegura a Truman que ahí fuera no hay nada mejor que lo que va a encontrar en su ciudad y el protagonista de esta historia despunta al sentirse libre, de poder realizar sus propios actos sin ser dirigidos. Se podría realizar una comparación con la idea de Friedrich Nietzsche sobre la muerte de dios, en el momento en que el hombre es capaz de valerse por sí mismo, por su propia razón, librándose de las ataduras impuestas por cualquier tipo de creencias. Y es eso lo que hará que Truman responda al discurso del creador con una reverencia, sonreirá y dirá una de las frases que tantas veces ha repetido a lo largo de su vida al salir de casa: “Por si no nos vemos luego, buenos días, buenas tardes y buenas noches” Sencillamente brillante.

Truman se libra de todo tipo de sometimiento para poder vivir la vida real en la que le espera Silvia dejando solitarios a millones de espectadores a los que parece no importarles mucho su marcha, pues muchos se alegran de su huída y el último comentario de la pareja de policías de “¿Y ahora que ponen? Lo miraré en el teleguía” es una muestra más de la escasa importancia que puede tener un personaje mediático. Si ha llegado a su fin habrá otra cosa que nos pueda entretener. Todo se reduce a eso, a la escasa importancia que puede tener alguien una vez pasado su minuto de gloria, aunque en este caso haya sido casi una vida…

Excelente tratamiento de una historia que en principio, cuando se visualiza el film, nos quedamos impactados por la situación en la que se encuentra su protagonista para acabar unidos junto a él en el intento de escapar de esa irrealidad en la que vive. Es un gran ejemplo de la situación en la que se encuentra cualquier telespectador, oyente o lector, pues sin darnos cuenta estamos siendo manejados constantemente por los medios y las corrientes de opinión, por eso es bueno, de vez en cuando, desconectar y pararnos a pensar qué nos quieren decir con respecto a un tema u otro. Apagad la tele. Os hará bien.

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