"Seré un genio, y el mundo me admirará. Quizá seré despreciado e incomprendido, pero seré un genio, un gran genio, porque estoy seguro de ello".
Salvador Dalí

viernes, 18 de marzo de 2011

Prólogo del compendio de los necios

Voy a hablaros de la felicidad.

Sí, esa pequeña escurridiza a la que le encanta burlarse de nosotros en los anuncios del horóscopo y psicólogos sin título homologado. Pero antes también debo hablaros un poco de los necios.

Para mí, son esas personas que, para empezar, no saben distinguir la felicidad del placer. Placer es volarle la cabeza a un amigo en el Counter Strike. Placer es fumarte un cigarro después de una noche completa. Placer es ver un 5 en el boletín de notas habiendo estudiado media hora antes del examen. El placer es un maldito chute de dopamina desde el hipotálamo.

Para los necios, la felicidad es ese chute de dopamina, o a veces menos. Un día un par de necios intentaron contraargumentarme que la felicidad era algo más. Como imaginaréis, no gané, pero Atenea sabe que no se puede razonar con quien no quiere escuchar. No les déis perlas a los cerdos.

Volvamos al hadita escurridiza. Yo la ví rondar no hace mucho tiempo por un lejano camino de montaña. Me dirigía a un jardín de ensueño, y atravesaba tramos del camino a base de paginazos de libros de filosofía y de Terry Pratchett.

Apareció cuando busqué la Sabiduría. Cuando la voluntad y el honor eran mis baluartes, estandartes de peregrino sin caballo, y a veces hacían de botas de caminar. Las perdí un acantilado, caí con ellas, y no volví a estar tan cerca del hada escurridiza.

Y busqué un atajo. Un atajo de tópicos, pasiones y bruma mental.

¿No os ha pasado nunca que os habéis arrepentido de vuestras decisiones? ¿De la maldita responsabilidad ligada a la elección? Y mucho tiempo después "recuerdas" cuál era el verdadero camino, porque lo sabías, y no quisiste seguirlo por el trabajo que requería recorrerlo.

Llevo meses escuchando esos ecos. Ecos de cuando fui el más grande de los sabios, lógico, optimista, honorable y con voluntad de hierro. Tuve que convertirme en el mayor de los necios para volver a ver el sendero del invierno, hacia el vergel radiante de ese sueño de primavera, esa canción de plata esculpida en un cielo estrellado. Soñé que las tortugas podían volar con elefantes a los hombros.

No sé si reencauzaré el rumbo de nuevo antes de llegar a Roma. Las pasiones traen cadenas consigo, y mi mente no tal vez no vuelva a ser nunca la que fue hace dos años.

Pero... las cadenas pesan. ¿Podrá ser esa mi redención por mi caída? ¿Ensalzará la lejana victoria de llegar algún día?

Basta de divagar con prosa hermética. Os he mentido. La felicidad no se encuentra en ese maldito jardín radiante, en esa estación utópica más allá de senderos nevados. Es el maldito sendero.

El esfuerzo, el trabajo duro, la empatía, el servicio, la voluntad, la persecución de la justícia, el castigo del aprendizaje y no el de la venganza, el optimismo, la piedad por los ignorantes, el conocimiento...

Fui feliz. Fui feliz mientras buscaba la sabiduría con todo mi corazón, no es mi destino llegar al jardín, pero sí aupar a unos cuantos para que puedan acercarse más después de que yo me haya disuelto en una canción de viento y polvo. Y contestar a los lobos del camino con una gran grandísima sonrisa :)

Mi redención es volver a empezar. Gracias, ecos, por recordarme lo que una vez fui.

Sueña, Tortuga



P.D.: En el principio fue la oscuridad...

"...Y todo el mundo sabe que un ingrediente vital del éxito es no saber que lo que se intenta es imposible" (Terry Pratchett, Ritos iguales)


Inspiración de hoy: Releer entradas antiguas, fascinantes clases de Psicología del Ciclo Vital II y Deja de llorar (Mägo de Oz). Ah, y mis respetos al sheriff Rango.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Rosas

Recuerdo días de gracia.

Cuando miraba adelante y sólo veía luces. Rayos de luz en un jardín florido, de exuberancia tropical. Bendita ignorancia. Según me acercaba a aquel jardín, el camino se hacía más angosto. Muy empinado y pedregoso. La niebla empezó a envolverme. No veía ni a mis lobos huargos, ni al brujo ni a la tortuga. Fui tropezando, dando vueltas hasta perder el norte, y llegue a adentrarme en senderos de los que otros no se atreven ni a hablar. Los espejismos me engañaban, me hacían dar vueltas.

Hasta hace nada.

No sé porqué me ha dado por escribir de esto. He empezado a pensar en rosas azules. Y ése aroma, ése aroma... lo he seguido y he visto luces, destellos verdes... ¿Será una señal? He vuelto a ver lobos. Aúllan. ¿Me llevarán al jardín?

Díos mío, quiero volver a soñar con las rosas azules. ¿Porqué ahora vuelvo a vislumbrar a lo lejos el Sueño de Primavera? ¿De dónde ha venido ahora esa fuerza? ¿Porqué vuelvo a ver ahora lobos grises, que intentan llevarme hacia el Blanco? Veo a Gran A'Tuin en el cielo, veo neutrales, veo leones y cuervos, halcones...

¡Yo ví la regla fácil del vicario escondida en la espada del lobo!

Ésta es la interpretación de un loco. Huelo un jardín de rosas azules, de exuberancia tropical, y aquella rosa negra se marchita, y allá dónde la voz de la razón guía al corazón con tridente morado me dirijo yo. Será que puedo olvidar ese Muro de orgullo y dejar que siga el ciclo. Será que el camino pedregoso ahora se llama ruta.

Será que ya soy Scout.
Yo, Luismi, Prometo por mi honor, hacer cuanto de mí dependa para...

¡Buena caza!

jueves, 3 de junio de 2010

Romance Dawn

-¿Y cómo fue que acabaste aquí?

Resonaron algunos eslabones de forma estruendosa cuando el gigante sacudió el árbol arrancado sobre su cabeza para que cayeran varias piezas de fruta directamente a su gaznate.

-Me capturaron.
-¿Simplemente?
-Es lo único que importa. Los detalles... no interesan.
-Pero tengo entendido que los gigantes lucháis con feroz bravura cuando os veis en peligro. Nunca había visto...
-Los tuyos también lucharon con feroz bravura. Y los que no están aquí encadenados como yo están muertos, por eso ni tú ni nadie los ha visto más.
-Entiendo... ¿Me matarás si te suelto?
-¿Porqué ibas a liberarme, pequeño viajero? ¿No sería un crimen contra tu patria, tu raza y tu mundo?
-Amigo... tal guerra terminó hace eones. Ya solo los libros recuerdan ese trágico hecho...

El gigante le miró fijamente duramente unos instantes que parecieron una eternidad, y Godofredo no apartó la mano del mango de la espada, por si el gigante decidía aplastarlo con una de sus manazas, pues, a pesar de estas encadenado, el radio de acción que las cadenas le permitían era francamente amplio.

Pero el gigante cerró los ojos, suspiró, y dijo en un tono muy distinto a la tormenta con que había avasallado a Godofredo unos instantes atrás, más bien un viento cálido en pleno solsticio de verano:

-Gracias.

Godofredo suspiró aliviado, y agradeció a los dioses permitirle llevar a cabo una buena obra sin demasiadas posibilidades de perder un brazo por el camino como tantos otros mártires de los libros sagrados. Ahora sí, agarró con fuerza el mango de su mandoble, y con un soberbio tajo, cercenó la cadena del brazo derecho del coloso.

Al minuto, todas las ataduras del gigante habían quedado obsoletas, y el gigante levantó los enormes brazos como troncos y...

Rugió al cielo.

¿Cómo debía de sonar el suspiro de un dios? El límite del entendimiento de Godofredo, que ya era de por sí lejano, pero al toparse con él frente a tal interrogante, tomó el atajo más utilizado desde hace siglos por la mente humana para entender o resolver galimatías.

Lo imaginó como aquel trueno sonoro. Toda la ira del mundo concentrada en un solo alarido, prolongado, que encogió el corazón de Godofredo como no lo habían hecho ni las bestias del Tártaro, escapaba de aquel corazón, liberando no solo los miembros del gigante, sino también, por lo que veía, su alma.

El rugido por fin cesó. Y Godofredo habló el primero:

-Veo que que te has quitado algo más que un peso de encima. Pero antes de emprender tu viaje creo que será conveniente que te explique el nuevo orden del mundo y el resultado de aquella contiend...
-No
-¿No... deseas conocer el resultado de aquella guerra? ¿Tu guerra?
-Mi guerra no... Ya no. Luché con fiereza y bravura, a sangre y fuego durante años para alzar a mi raza, para terminar después de muchas batallas, derrotado y humillado en éste rincón del mundo... Lo hecho, hecho está. No tengo interés en sentir rabia o éxtasis por el resultado. Luché... como debí. Como supe. Como quise. Y no me importan ya las consecuencias de mis actos si no puedo remediarlas.
-Sabio discurso... ¿Y cual es tu destino, gran compadre, ahora que te has librado de tus cadenas?

El coloso se carne y hueso bajó sus gigantescos párpados. Parecía como si meditara. Y después de unos pocos segundos, sus ojos grises se abrieron con fuerza, húmedos y llorosos, con el reflejo del sol del amanecer sobre ellos.

-Vivir


P.D.: ¡Adiós selectivo! ¡Hasta nunca bachiller! ¡Hasta siempre fuerza electromotriz inducida, grado de disociación, ADN polimerasas I, II, y III, ciclo de Krebs, sintaxis, fonética, reading comprehension, integrales con arcotangentes del número e elevado a 3x! El camino valió la pena. No me asusta ya lo que ocurra el día 19. Sé que he trabajado, he dado todo lo que pude, y esa satisfacción es todo el premio que necesito. Pero bueno, si me hacen enfermero, tampoco me quejo.
¡¡Gracias Italia!! =)

P.D.2: Yo seré el Rey de los Piratas

martes, 9 de febrero de 2010

Dama de plata

Noche cerrada.

El viento aúlla suave y afilado entre las torres. La piedra gris cruje, une su gruñido a la particular canción de la noche. Un gato pardo con la cola mestiza, entre el carbón y la cebada, atiende a la llamada, y maúlla, aguardando. Es secundado por un parpadeo ciego en la cima de la más alta aguja gris que se recorta entre las nubes. Por fin la luna asoma. Ha terminado la canción, y el gato recula con paso elegante entre los tejados, adonde le lleve el viento.

La cima de la más alta torre se despide de él con un nuevo destello, esta vez más brillante por los blancos rayos del blanco astro. El filo de la alabarda parece poder cortar soberbia de un rey, y su punta de lanza de atravesar el corazón de un coloso. La apoya entre dos almenas y abre su macuto. Pan rancio y queso. El banquete del vigía. No le han dado ni una bota con agua para que pase, pero él reserva siempre una botella de vino de los bajos ríos, entre los fardos, para las noches como aquella.

Las estrellas. Mil ojos vigilan al vigía bajo la guarda de la luna más grande y brillante que pueda ver jamás el hijo de un granjero al que el capitán de la guardia debía un favor. Maravilloso. Único. Sensacional.

Mal fario en su pueblo.

Esa noche iba a pasar algo grande. Así que mejor pasarla con el gaznate caliente.

Ya han pasado varias horas. El contenido de la botellas es pesimista y el vigía ya lleva rato cantando a las ubres de la señora Tell. El eco de sus obscenas canciones retumba entre las agujas grises, y ningún gato ha acudido a acompañarlas. Iba a pasar algo grande.

Toc toc toc

La trampilla se estremeció con los poderosos golpes de un brazo enérgico. El ebrio vigía se levanta tambaleándose y abre los pestillos de la placa de madera del suelo. Se levanta con fuerza y le da un golpe en las rodillas, y termina de perder el equilibrio. Un trueno familiar le martillea los oídos mientras una mano enérgica le salva de besar el suelo.

-Enhorabuena, la ciudadela entera ya conoce a todas las putas con las que has amanecido en tu vida. ¿Te tengo que relevar o el vino ya no te permite vigilar a las piedras?

-Bu... na... bubu... ueeen... asnoch...

-Se te va a caer la alabarda por las almenas y atravesará toda la calva del capitán Hack si te descuidas, borrachín...

-Nos... to... to... toborrasho.

Un enérgico gigante lo bajó a rastras a una sala en la base de la torre. Un cubo de agua fría espabiló a vigía, y al poco rato pudo hablar de nuevo correctamente. El grandullón volvió a liberar su voz de trueno, esta vez con un tono amigable, y hasta paternal:

-Lo de la putas era broma, eh. Si sé que en el fondo siempre le cantas al mismo par.

-A tu madre. Mira, no me andes con tonterías, me vuelvo arriba que tengo que... -un brazo de roble le cortó el paso, y unos ojos grises, como la roca, de una profundidad más antigua que los la misma ciudadela, le encadenaron a su sitio.

-Todavía la amas. -le decían aquellos ojos grises, más con una ordenanza que con una afirmación- Y cuanto antes aceptes lo que ocurrió, menos tiempo sufrirás. Te lo dice un amigo. -y las piedras grises se convirtieron en una cálida hoguera, grises aún, pero que invitaban a cantar junto al fuego canciones de hermandad.

-Ehh... -suspiro- me vuelvo arriba... No estoy para sermones.

La madera de la trampilla crujió a abrirse, y una luz nívea le cegó un instante. Un gato pardo aguardaba sobre una almena, junto a la hoja brillante de la alabarda, relevando al vigía por unos momentos.

Mal fario del gordo.

Y la saeta de fuego atravesó la cola mestiza entre carbón y cebada, después la cabeza del gato, y las llamas rojas rivalizaron el destello blanco de la luna y las estrellas. Una segunda flecha impactó contra la hoja plateada de la alabarda, y esta se precipitó al vacío por entre las almenas. No se oyó un alarido del capitán Hack. Eso era que la había esquivado, o que las saetas le acertaron antes.

Una lluvia de fuego iluminó el cielo, y el vigía sin alabarda volvió a refugiarse bajo la trampilla.

-¡Cagüen la puta! ¡Que nos atacan! -su gigantesco compañero ya empuñaba un hacha que no tenía nada que envidiar a las ventanas de su casa, y con una seña le indicó que agarrara la espada de la mesa.

Armados y pertrechados, salieron de la torre para unirse a la defensa de la ciudadela, pero el fuego decoraba las calles, las ciudadanos gritaban y corrían y unos pocos soldados intentaban apagar los fuegos que les cortaban el paso por las calles. Se unieron a la tropa que se dirigía a las murallas. Las agujas grises parecían ahora antorchas bajo la luz de la luna. Ya divisaban los portones, destrozados ya por un ariete, y una oleada de armaduras negras con destellos azules vaticinaban ya una noche de sangría.

Y qué grande.

No les dio tiempo a desenvainar las armas, cuando otra oleada de agujas de fuego cayó del cielo y les atravesó las gargantas.

El duro suelo. El sonido de la sangre borbotear. Mil ojos blancos guardando su descanso. El ciello en llamas por miles de puntos. La canción del viento, que imbuía la luna de más magia de la que podría ver jamás el hijo de un granjero.

Ese era su último cielo. Y no lo dudó. No dudó sobre a quién regalárselo.

Maullaron mil gatos pardos. Y una alabarda de plata, cuan verdugo blanco, le cercenó la garganta bajo la luz de la luna.



P.D.: Nunca me saldrá como a Martin. Sigo esperando para volver al Muro.

domingo, 6 de septiembre de 2009

...de Hielo y Fuego...

Jamás me han gustado los veranos.

Entendedme, por supuesto que mu gusta la parte de las vacaciones, y no tener que madrugar, y poder irse a la playita o la piscina a bañarse de vez en cuando. Es la única parte del año en que podemos decir que somos "libres". Lo más libres que se puede ser en este mundo y en estos tiempos, quiero decir.

En cierto modo, también es eso lo que me repatea de los veranos. Demasiada "libertad". No me malinterpretéis, tampoco es que quisiera que hubiese clases y trabajo todo el año, pero yo me desconcierto mucho en verano. Al llegar éste, todos son libres de irse al pueblo cuando quieran, y claro, los amigos se desperdigan a la primera de cambio, y a lo mejor los ves dos días en agosto, o sólamente os reunís al final de todo.

Tampoco tengo hora para levantarme, o no la suelo tener a menos que quede con alguien por la mañana, lo cual es muy raro. ¿No os ha pasado alguna vez? Uno acaba trasnochandotodo lo que no puede el resto del año, y después tu cuerpo no sabe a qué hora despertarse y a qué hora
descansar. Me pasa todos los veranos, que llega un momento en que no me puedo dormir hasta las 3 o las 4 de la madrugada, después me levanto a las 8 o las 9 por caprichos del señor, para volver a sobarme a las 4 después de comer.

Y otro punto aparte, pero en mi opinión menos importante, el calor. No va con mi naturaleza, supongo.

Me gusta el otoño. Comienzan las clases o el trabajo, veo de nuevo a mis compañeros de fatigas, tengo una hora a la que levantarme, así que el sueño se me acaba ordenando haga lo que haga. Empieza el frío, me puedo volver a poner esos abrigos gigantescos que tanto odias, y disfrutar del confort de acurrucarme bajo unas mantas y no moverme de allí, y salir a la calle con la braga al cuello y el pelo largo que no te gusta. Siempre he pensado que soy más niño que adulto, así que supongo que el otoño me gusta porque es la época en que esperamos con ansias la Navidad, y los lobos pueden aullar con orgullo "Se acerca el Invierno". Y eso me gusta esperar en ésta estación.

Y lo bonito del invierno siempre es esperar la primavera. esa es la verdadera época de renovación y esperanzas que esperamos todos, para volver a esperar que llegue el verano con su libertad.

Pero en verano nunca espero a que llegue el otoño, aunque no vea a mis amigos o duerma a trozos. Esa adictiva libertad me llama, y no me deja pensar. Pierdo mi lógica, mi inspiración, mi orden, por así decirlo.

Me gustan las tres estaciones en que esperas con ansia la posterior. Supongo que es mi verdadera naturaleza. Esperar a algo. Siempre espero para ver aquello que me depara el futuro, y cuando llega, nunca sabe igual. Cuando vivo la primavera, no la disfruto tanto como esperaba. Me gusta pensar que por eso soy de naturaleza soñadora. Lo que más me gusta de una viaje es esperar que llegue al destino. Y para ello tengo mi orden y mi paciencia. Según cómo se mire, a lo mejor sólo soy un amargado que no sabe disfrutar de los momentos en sí, y que jamás estaré satisfecho con la realidad inmediata.

Me gusta el frío. Me gusta "congelarme" y esperar. hacer las cosas despacio, con orden, que todo llega, disfrutar del viaje soñando con las maravillas del futuro, que ya llegará.

Por ésta y muchas cosas más, ahora sé que dimos un buen paso. Podríamos decir que yo soy... de hielo. Me gusta el frío, la espera por muy larga que sea. Y hay quién dice que no cuento las cosas, o me guardo mis sentimientos para mí. No me gusta que se note si estoy mal. Tal vez por eso me ría siempre tanto. Tal vez no sea así en realidad.

Y tú... eres fuego. Te descontrolas fácilmente, odias el orden y todo lo que se le parezca, eres libre como el viento, atiendes a sus designios y te extiendes a placer... No esperas a nada, sólo consumes, eres risa y alegría, y también riñas y jaleo, como... un incendio. Eres verano, y yo el frío y callado invierno.

No te culpo a tí de todo. debemos separarnos para que no consumirme yo, y que tú no te apagues.

Yo seguiré esperando la primavera, esperando a derretirme con los primeros rayos de sol y que surja algo nuevo. Quién sabe... tal vez me quede esperando, y esa primavera perfecta no llegue nunca, o que al llegar ocurra lo que esperaba, que me derrita, me consuma, cambie, mejore, empeore, sólo el viento lo dirá.

Y aquí se separan nuestros caminos. Yo seguiré buscando ése sendero frío y angosto que me lleve hacia aquel lugar que me corresponda, y tú seguirás crepitando en tu camino, avanzando rauda. Sí, tienes razón, yo tampoco entiendo todavía cómo nos unimos, nosotros, hielo y fuego. Tal vez esperábamos encontrar juntos ésa primavera. No llegó a ser una canción, pero dio para unas cuantas páginas, ¿no?.

Es hora se seguir otro camino, empezar otra historia, sí, una nueva. Sólo el viento dirá si nuestras sendas volverán a entrecruzarse.

Has elegido el camino del bosque del verano, sigues a tus verdaderos compañeros de senda, consume ésa energía que tienes, ésa felicidad, ésas risas ardientes, pero en tu clima. Tal vez cuando yo encuentre la costa... me derrita, y pueda salir afuera de mi glaciar, y salir al mar, avanzar, nadar, sumergirme... para después salir de las profundidades, deslumbrarme con el atardecer y volar... ¿Quién dijo que las tortugas no podían volar?

Buena suerte en tu camino. Que encuentres a tu manera ése Sueño de Primavera que todos ansiamos.

Pero bueno, seamos optimistas :)

Ésta es mi historia... y tú ya no formas parte de ella. Ya aparecerán más personajes, más giros argumentales, nuevos escenarios y algún que otro dragón.


P.D.: Nunca te conté qué era el Sueño de la Tortuga. Tal vez fue mejor así ;)

He vuelto, y con más ganas de escribir que nunca. Cada vez veo más cerca al Mimo, al héroe y al león. Y escribo escuchando To Zanarkand de nuevo :)

domingo, 12 de julio de 2009

Lluvia sobre los hombros

Plof, plof...

La vida es muy dura.

Digo dura por no decir tocahuevos. Cada vez que tienes algo construido, la vida misma se encarga de destrozarlo, o por lo menos de aboyarlo un poco. Qué gusto da salir a la calle del universo y ver el reluciente descapotable de tu estabilidad. Pero cuando te acercas a salar dentro del coche por encima de la puerta como en la spelículas de los 70, te das cuenta de que hay arañazos en el retrovisor, el cláxon está desafinado, hay una rueda pinchada y unas palomas te han dejado unos regalitos en el asiento de atrás.

Plof, plof...

La vida tiene muchas facetas para hacerte ver que ella es quien te controla. Si quiere que suspendas un examen, por huevos que aunque estudias hasta los pies de foto de todo el libro, el profesor te preguntará por la conclusión de la excursión de hace dos meses.

Dejémoslo en que es bastante "irónica". Si tomas la iniciativa y
consigues tomarle el pelo, la vida se sentará y esperará pacientemente hasta que tenga la oportunidad de devolvértela por duplicado y con su firma en plan "¿Quién ríe ahora?".

Perdonadme por parecer fatalista. Pero la vida es una ola gigante, demasiado fuerte para hacerte el machote delante de tus amigos intentando mantanerte de pie... Lo mejor es relajarse y dejar ella te arrastre suavemente hacia la orilla. Dolerá menos que quedándote quieto.

Plof, plof...

En la vida me han dicho muchas veces que soy muy confiado. Optimista. Que por muy negro que lo vea todo, siempre voy sacando soluciones, que siempre tengo una sonrisa en la cara... Joder, pues claro. He recibido muchas olas de cara para no haber aprendido que, o te dejas llevar, o te ahogas.

Lo he vivido a final de curso, la gete ahogándose a mi alrededor, y yo apunto de hundirme con ellos. Pero en esos momento entiendo que la vida siempre deja un poco de jabón en la guantera para lo de las cagadas de paloma. Y después de haber limpiado el estropicio, te encuentras un billete para el metro.

Plof, plof...

A la vida le cae bien la gente de buen humor, que le ríe las gracias y que le gusta lavar el coche a mano. Luego a veces da propina.

No sé de qué otra forma decirlo...

Si la vida te da la espalda, tócale el culo.

Aguanta el tirón, repasa ésas integrales otra vez, no te quejes de que la profe es una zorra cabezona y termina el examen. Que lo que empezó mal puede terminar en un precioso verano salpicándole agua en la cara a las personas que más quieres.

Plof, plof, plof, plof...

Joder... Me voy a tapar el coche con algo, que la lluvia me da a destrozar la tapicería. Y mejor me voy en metro.


P.D.: No te agobies ;)

P.D.2: Por fin me da por escribir algo. Perdonadme por haber tardado y no haberme pasado por los blogs, a ver lo lo hago éstos días. He tenido un finas de primero de bachiller algo apoteósico y con mucha presión con las integrales y las rectas, todo terminó bien, bastante mejor de lo que esperaba, y me he tomado éste principio de verano para relajarme en todo. Ciertas charlas con Osa Mimosa me dan ganas de volver a las andadas, a ver si vuelvo a escribir tanto como antes, y a ver también si pesco algo en el concurso 20blogs ;) Ah, y por fin he metido algún párrafo semi-pratchettiano por ahí dentro.

Feliz verano a todos, y no os preocupéis por la lluvia, que luego refresca :)

viernes, 15 de mayo de 2009

Como un tesoro

Alejarse de los seres queridos siempre duele.

Pero bueno, todos tenemos que aceptar que eso forma parte de la vida, ¿no? Es un paso más, marca el final de una etapa y el principio de otra, mejor o peor. Ésto ocurre cada vez que pierdes a un ser querido. Unas veces es un "adiós" y otras solo un "hasta mas vernos".

Cuando es el primer caso, poco se puede hacer, simplemente aceptar lo inevitable, guardar muchas fotos, recuerdos y vivencias, y atesorarlas hasta el inevitable día en que nos reunamos con nuestros seres queridos. Ahí a lo mejor depende de las convicciones de cada uno, si cree o deja de creer en un cielo, un infierno, una reencarnación, una nada... Aquí hablo de mis abuelos, pues los únicos recuerdos que tengo de ellos son fotos, y aunque las veo una vez cada tantos años, me recuerdan que debo portarme bien, porque no se han ido.

Ahora el segundo caso. A veces las personas se nos van antes de morirse, sea a otro país, otra ciudad, a otro colegio, a otra oficina... No se van de éste mundo, se quedan mucho más cerca, pero al mismo tiempo se interpone entre nosotros un abismo insalvable, de un par de calles, o de miles de kilómetros. Y a veces las razones son tan inevitables como la propia muerte, no se pueden detener, tienen que pasar, pues forman parte del ciclo.

Hablo de cuando te cambias de colegio y abandonas a todos tus compañeros de clase de toda la vida, hablo de los primeros niños con los que jugaste en el parque, hablo de aquél par de amigos con los que maquinabas en los recreos, hablo de aquellas chiquillas que te gustaban, hablo de aquella profesora que te reñía cuando no tenías los deberes hechos y te dedicaba una sonrisa después de cada examen.

Hablo de dejar tu colegio de primaria, lo único que has conocido nunca y empezar la secundaria en otro sitio, hablo de los primeros días de clase en un colegio nuevo y todo el mundo se interesaba porque te integraras, hablo del profesor cabrón que te mandó a septiembre por no saber hacer las volteretas, hablo de la profesora de mates que te suspendió las mates a propósito para que te esforzaras y sacases un 9 después, hablo de las conversaciones de besugo con cada amigo nuevo de clase, hablo de la primera novia y el primer beso, hablo de la seria directora del colegio que da tanto miedo, hablo de todas las broncas en los recreos decidiendo qué película es mejor, hablo de decirle a tu profesor que no es ni guapo. ni deportivo, ni juvenil como dice él, hablo de aquellos compañeros que se cambian de colegio como hiciste tú antes que él...

Hablo de hoy, hablo de la graduación de mi novia, hablo de las despedidas de los profesores, hablo de los recordatorios de los buenos y los malos momentos, hablo de cuando mi novia lloraba en mi hombro y yo la abrazaba fuerte para no ponerme a llorar yo también, hablo de todas ésas personas que después de unas pocas semanas no volverá a ver salvo al cruzárselos por la calle, hablo de lo que duele separarse de las personas con las que llevas media vida riendo y llorando, estudiando y riñendo.

Hablo de que la directora ya no me parecía tan seria, hablo de aquellos profesores que fueron tan duros conmigo porque querian que llegara lejos, hablo de ésas conversaciones de besugo que sigo teniendo cada día, hablo de los compañeros de primaria que me cruzo por la calle y me hacen rememorar las charlas y los parques, hablo de toda la gente que se esforzó para que yo hablara en clase e hiciese amigos.

Estoy aquí delante de mi ordenador, llorando porque mi novia se ha despedido de sus profesores de toda la vida, recordándome a mí mismo que solo me queda un año para tener conversaciones de besugo, hacer bromas con los profesores, hacerme fotos con mis amigos, porque en un año yo también me graduaré y estaré ahí en medio llorando como un niño, porque jamás olvidaré a aquél profesor, ni a aquellas chiquillas, ni a esa directora tan seria, ni esos pasillos dónde te conocí.

Y por eso guardo todos esos recuerdos como oro en paño, porque al final de la primaria aprendí lo que se siente al despedirse de una etapa del ciclo, crecer, sean recuerdos buenos o malos, porque son un tesoro como nunca se ha visto antes, más grande que el mundo, más brillante que el oro y la plata, más alegre que aquél aprobado en matemáticas.

Por favor Empar, aprovecha éstas semanas de recuperaciones y Selectivo para hacerte fotos con todos los capullos de clase y todos los profesores que te han suspendido, porque los echarás de menos, y te quedarás como yo, que no atesoré los suficientes recuerdos cuando tuve la oportunidad, y te pasarás una noche como ésta llorando frente al ordenador, emocionada por las despedidas de otra persona.

Quiero volver a ver a mis amigos de primaria, a mis profesores, caminar por esos pasillos... y querré hacer lo mismo con mi colegio de ahora dentro de unos años.

Juro que cuando esté en la universidad me pasaré a visitar el colegio de vez en cuando, para recordar anécdotas, y lo mismo haré cuando deje la universidad, durante todo el tiempo que pueda, para hablar y hablar y hablar de los viejos tiempos...

"No se ponga triste ante una despedida. Una despedida es necesaria para volver a reencontrarse. Y un reencuentro, después de un momento o después de toda una vida, es algo inevitable si somos amigos de verdad"

lunes, 13 de abril de 2009

Fundación e Imperio

Dicen que los jóvenes de hoy no tenemos sueños. Dicen que estamos "desmoralizados", ante una sociedad violenta y sorda a los lamentos del mundo. Según esa misma sociedad, los jóvenes no tenemos metas en ésta vida, salvo la de la diversión rápida, en el momento, la felicidad efímera de la fiesta y el Carpe diem

No puedo decir que se equivoquen. En las vacaciones, el alcohol vuela como los caramelos en una guardería, el único consuelo en nuestros amargos días es que llegue el viernes por la tarde para salir de nuestro cuarto para volver a las tantas de la madrugada (o recluirnos en él delante de la Play, y sus sosegantes mundos, que nos llevan de vez en cuando a una realidad menos "problemática").

Nuestras notas bajan, representamos el poco favorable futuro de la sociedad que nos culpa de los problemas del presente. Nuestra notas bajan porque no sabemos adónde nos llevarán y para qué. Yo mismo quería estudiar medicina, pero las notas de corte han subido a 8.67, y se siguen quejando de que faltan médicos en España... y ya no quiero hablar de toda la reforma del Bachiller y las universidades, o el Plan Bolonia, que no hace más que cerrame puertas y obligarme a rendirme antes de empezar.

Sí, soy un joven desmoralizado. Siempre hablo de sueños, de esperanzas, de caminos... pero los sueños, sueños son, la realidad es más dura. ¿Qué puedo hacer yo por cambiar éste sucio mundo? Lo dijo Isaac Asimov en las Fundaciones, el mundo lo cambian las masas, no los individuos por si mismos.

Os hago un rápido resumen sin spoilers: "Hari Seldon es el creador de una ciencia llamada psicohistoria, capaz de predecir los movimientos de grandes sociedades o masas mediante cálculos matemáticos. Él predice la caída del Imperio, que ya se encuentra en un declive imparable, en los subsiguientes 300 años, y los 30.000 años de barbarie que le seguirán. Para reducir ese lapso de anarquía y desorganización a tan solo 1000 años, Hari Seldon crea la Fundación, un govierno aislado en un extremo de la galaxia, que contiene todos los compendios del saber humano, que según las condiciones de su entorno que él había calculado mediante la psicohistoria, se convertiría en el Segundo Imperio, mucho más fuerte y duradero que el anterior, después de 1000 años.

Pongo como ejemplo la revolución de mayo del 68 en París. Buscando información para un trabajo de clase, dí con éste acontecimiento, en mi opinión olvidado por la historia, ya que jamás he oído hablar de él. No me van los rollos de conspiraciones del gobierno, que no quieren que sepamos ciertas cosas, pero... a mí jamás me han hablado de la primera y más importante revolución estudiantil de la historia. Supongo que les entiendo. Sería como regalar espadas a los esclavos.
Ahora volviendo al tema de la revolución... me emocioné. De verdad. Relatos como ese me demuestran que se puede cambiar el mundo. Isaac Asimov tenía razón, Dany el Rojo no lo habría conseguido él solo, el movimiento de las masas lo hizo. No sé si Hari Seldon habría predicho esa revolución mediante la psicohistoria, pero era evidente que algún día iba a ocurrir algo, debido a la opresión del govierno de la época y las injusticias para con los estudiantes.

Y la historia vuelve a empezar. El declive de nuestro "Imperio" ha comenzado. Soy un joven desmoralizado que no puede para la caída de éste sociedad, ni sus guerras, ni sus crisis económicas, ni su retrasada educación. Pero está escrito que habrá más revoluciones, sólo así se cambia el mundo.

He ahí dónde reside el poder del pueblo.

Sí, soy un joven desmoralizado, sin esperanzas en el futuro, que sólo busca la diversión instantánea, pero que desea morir como un héroe, mazo en mano, y ser parte de la masa que dé lugar a una nueva Fundación. Éste es otro retazo de mi Sueño, de cara a mis 17 años que cumplo hoy =)

Y ahora os pregunto: ¿Somos el viejo Imperio dando sus últimos coletazos que se encamina hacia su final, o somos la Fundación, resolviendo otra crisis, caminando imparable hacia su destino
como utopía?

"Los seres humanos hacen su propia historia, aunque bajo circunstancias influidas por el pasado"
"El motor de la historia es la lucha de clases"
-Karl Marx

P.D.: Al final sí que supe exprimir Segunda Fundación  :)

P.D.2: Hoy en clase de filosofía me he dado cuenta de que puedo enlazar el Plan Seldon con el conductivismo xD

domingo, 5 de abril de 2009

La Justícia del Rey

La calle a esas horas de la tarde estaba abarrotada.

Mujeres corriendo con niños de la mano, llorando, hombres empujando a su ganado por los callejones para sacarlos a las calles principales, y familias enteras recogiendo sus últimas pertenencias de sus casas. Un carro tirado por bueyes cortaba el paso a la Plaza del Pescado mientras su dueño, agobiado, hacía lo imposible por obligar a los bueyes a caminar. 

Por lo que parecía se negaban a pasar sobre el cadáver que se pudría en la calzada. La sangre seca marcaba los restos de un riachuelo carmesí que fue a parar a las alcantarillas. Como los bueyes entorpecían el paso de toda la gente, unos hombres se ofrecieron a ayudar al campesino a mover el carro para abrir el paso.

A Edd no le sorprendió aquello. Decenas de cadáveres cubrían las calles desde hace semanas. Las infecciones producidas por los restos ya hacían estragos entre la poca población que accedía a quedarse en la ciudad. Mucho de esos pocos estaban evacuando sus casas para buscar el cobijo de los bosques. Sólo se quedaban ya los ancianos ya demasiado viejos para viajar o para abandonar el lugar dónde nacieron y crecieron. Los demás eran aquellos estúpidos jovenzuelos que querían mostrar su valor y ganarse un nombre entre los alrededores porque defendieron el asedio de Galenos. Nombre que gastarían para calentarse en las faldas de cualquier moza de burdel o ganarse una canción. Qué daño estaban haciendo los bardos.

Ya había 5 hombres empujando a los bueyes, pero éstos se negaban a acercarse al cadáver. Otros vecinos los habían apartado y tiraron a la entrada de otro callejón, pero la sangre seguía cubriendo la calle, y el olor a muerte no agradaba a los animales. Edd tenía demasiada prisa, y veía a la gente desesperada. Acarició con la mano el pomo de su espada.

De un par de tajos, acabó con el miedo de los bueyes.

-¿Pero qué ha hecho? ¡Mis animales! ¿Ahora cómo podré llevarme mis cosas? -el anciano campesino se cubría la cabeza con las manos y siguió gritando a Edd mientras éste revisaba las mercancías del carro sin prestarle mucha atención.
-Olvídelo todo, insensato. No podrá salir de la ciudad con todo ésto. Los de fuera tienen la orden de dejar salir a la gente que quiera abandonar la ciudad, pero estad seguro de que unos algunos os seguirán hasta que os hayáis alejado sificiente de la muralla, os rajarán el cuello y se llevarán vuestro carro. Coja lo que pueda y váyase lo más lejos posible. Pero salve la vida. Los que no carguen con demasiadas pertenencias que tengan la bondad de ayudar a éste hombre con las cosas que puedan.
-¿Y porqué no se rinde la ciudad ya? Así no tendríamos que huir...
-Yo también desearía saberlo... Pero es la justícia del Rey.

El anciano se tranquilizó y bajó la mirada. Sin volver a dirigirse a Edd, cogió un par de sacos de carro y se marchó. Dijo a la gente de la calle que era cierto que no podría llevarselo todo, así que podían quedárse todo lo que quedaba en el carro. Desgraciadamente, antes de decir ésto, ya había unos cuantos saqueadores desvalijando el carro.

Era lo que tenían los asedios. Miedo en las calles, evacuaciones, lo que no confían en la fuerza de su Rey y ven la batalla perdida, huyen a las ciudades próximas, o con sus parientes del campo. Los cadáveres, seguramente víctimas de los saqueos, se pudrían en las calles, y animaban a más y más gente a abandonar la ya escasa seguridad de las murallas.

Los de fuera lo sabían muy bien. Sabían que si dejaban una ruta libre para salir de la ciudad, la gente se pondrían de su parte, se rendirían y habría menos resistencia al tomar la ciudad. Y estaba funcionando. La moral de las guarniciones de las almenas seguía menguando, y muchos soldados se habían ido para unirse a la filas enemigas o simplemente salvar la vida. Pronto tendrían que capitular. 

Ya con la calle despejándose, Edd siguió caminando hacia las puertas del castillo.

Los porteadores, armados con largas alabardas de plata y ataviados con lustrosas armaduras del mismo tono, le abrieron las puertas con reverencias, y lo escoltaron al salón de audiencias del trono.

Se notaba un marcado contraste entre la miseria de las calles de afuera, y el ambiente de lujo del castillo. Varias doncellas cargaban con gráciles pasos bandejas con patos asados y demás frutos de la cacería del día, seguramente para la cena de ese misma noche.

¿Podría el regio estómago del Rey con todo eso él solo?

Las visagras de las altas puertas del salón de audiencias se abrieron con chirridos que revotaron por todos los rincones del castillo y del corazón de Edd, que temía por su futuro. Por su futuro y el de toda la ciudad.

-¡El consejero real, Eddard Tallheart, Mano del Rey, solicitando aundiencia ante Su Majestad!

Unos murmullos recorrieron la fría bóveda de piedra después del anuncio del heraldo. Al cabo de unos instantes, Edd olló su nombre desde el trono del Rey, y los demás asistentes salieron de la estancia para continuar luego con sus demandas al monarca.

-¿Os encuentro en buen momento, Majestad? Parecíais ocupado.
-No, no, no, no, mi fiel Eddard, al contrario, me has salvado de un dolor de cabeza... -el rostro de piedra del Rey exaló un profundo suspiro, y continuó- Los representantes de los gremios de comerciantes, que amenazan con abandonar la ciudad y dejarnos sin reservas. ¡Viles alimañas!
-Pero, mi señor, estamos bajo asedio, la gente huye, los mercados estan vacíos, los muertos se amontonan en las calles, y se nos acgotan los víveres. ¿Quién querría quedarse?
-¡Silencio! No seas insolente... Son todos unos cobardes... El asedio acabará pronto, es cuentión de tiempo que se cansen, o se rindan al ver que no pueden atravesar nuestras murallas...
-Pero, mi señor, ya ni siquiera atacan las murallas, solo esperan a que toda la ciudad se rinda sola, atacarán cuando no tengamos ni soldados, lo cual puede ser mañana mismo...
-¿Te opones a las decisiones de tu rey? ¡Jamás me rendiré ante esa escoria! ¡Mientras quede la última de las piedras de ésta ciudad en pie, seguiré siendo el amo y señor de éstas tierras!
-¡Majestad, el pueblo se ha ido! Los pocos que quedan se mueren de hambre. Tenéis que capitular...
-¡Soy su rey! ¡Y como tal vivirán como su rey ordene! Al fian y al cabo, es su deber quedarse, y proteger a su rey hasta el final...
-¡Abunda la comida en el castillo! Dad un poco a los pocos súbditos fieles que os quedan, no...
-¡Son mis víveres personales! Resistiré aquí los meses que hagan falta... Y ya que mencionaste a los cobardes que huyen de la ciudad, voy a ordenar que pontan barricadas por el interior de las murallas, para que no escape nadie más...
-¡¿Convertiréis ésta ciudad en una prisión?! Dejad de un lado el orgullo, vuestro reinado ha acabado, capitulad y os perdonarán la vida, y la ciudad quedará impune...
-Si esos canallas entran en la ciudad, volarán en mil pedazos....
-... ¿Qué?
-Lo que oyes... En el caso de que enviaran una ofensiva contra nuestras murallas y nuestras mermadas guarniciones, e incluso si osaran llegar hasta este castillo... He ordenado ocultar ingentes cargamentos de pólvora por toda la ciudad... Si yo caigo, que mis fieles súbditos caigan conmigo, y qué mejor forma de hacerlo que llevándose a todo el ejército invasor consigo...
-Ag... Majestad... Os habéis vuelto loco...
-¡¿Loco?! Eso nunca, mi joven Eddard... Soy un rey, y merezco un final a la altura de mi nombre. Compondrán canciones sobre cómo aniquilé a mis enemigos con mi último aliento de llamas y azufre... ¡Lo merecen, por osar enfrentarse a mí! ¡Es la justícia del rey! ¡Mi justícia! Otorgada por los mismos dioses, los antiguos y los nuevos, los del norte y los del sur, los del hielo y los del fuego, los del cielo y el mar...
-¡¿Condenaréis a vuestro pueblo por una canción?!
-¡¡¡Es mi derecho divino!!!
-¡¿Qué os ha pasado?! La guerra os ha desquiciado. ¿Qué fue del sabio y benevolente monarca al que sirvieron mis padres... ?

El roce del acero contra la vaina de cuero. Una risa gutural ahogada por el frío metal cortando el aire. El susurro de la sangre derramada...

Las puertas se abrieron, y los soldados entraron, alertados por el grito. Uno de ellos contempló la escena y se adelantó.

-¿Qué es esto? ¡Lord Eddard, ha asesinado al Rey!
-Y orgulloso que estoy de haber librado al reino de éste tirano... ¿Porqué no me dí cuenta antes...?
-No oponga resistencia, mi lord. Debemos arrestarle.
-¿Y quién me va a juzgar por el asesinato del Rey? Su justícia se ha ido con él... Enviad un heraldo a fuera de las murallas. Capitulamos.

Los soldados se miraron entre ellos, conmocionados, confusos, sin saber a quién debían lealtad ahora...

-¡No os quedéis ahí parados! Vuestras familias podrán al fin comer. Se acabó la oscuridad en ésta ciudad. Tendremos un nuevo rey, que sea su Justícia la que valore mis actos... Cualquier destino valdrá la pena por haber librado al mundo de otra canción sobre un loco con aspiraciones de dios.


Estaba intentando encontrar ayuda en los antiguos diarios militares del General Tacticus, cuyas inteligentes campañas habían tenido tanto éxito que había prestado su mismo nombre a la persecución detallada del éxito militar, y finalmente había encontrado una sección titulada Qué Hacer Si Un Ejército Ocupa Un Terreno Bien Fortificado y Elevado y el Otro No, pero como la primera frase era 'Procura ser el de dentro', había perdido bastante interés.
          -- Terry Pratchett



P.D.: Perdón por llevar un mes entero sin escribir. Entre las Fallas, los exámenes, Isaac Asimov y la vagancia propia de la adolescencia, no encontré tiempo para el blog. Ya tenía éste relato a mitad desde hace un mes, y hoy por fin me decidí a continuarlo. No os preocupéis, habrá mas reflexiones luismisóficas cuando me haya terminado Segunda Fundación, que será en pocos días (perdonad que me ha salido un poco larga la entrada xD)

jueves, 5 de marzo de 2009

...Y puede al fin volar

Es curioso cómo cambian las cosas de un momento a otro. Las apariéncias engañan muchísimo. Sobretodo con las personas. Independientemente de lo que parezca a simple vista, nadie es ni negro, ni blanco... sólo hay matices de gris. Todos llegamos a considerar a otra persona algo así como... un monstruo. Me alegra descubrir de vez en cuando que ciertas personas pueden darme más de una sorpresa.

Y hablo de la comprensión. De ponerte en el lugar de otro y no juzgarle. Entenderle. No ser el implacable monstruo que nos atemorizaba a todos por las noches en la infancia. Pero ésos monstruos existen. Existen. Y crecen y crecen y crecen... 

Las mentiras no paran crecer desde que les das vida, hasta que confiesas. Pero retiro lo dicho en una de mis anteriores entradas: las mentiras sí que mueren. Hoy lo he descubierto de primera mano. Soy un mentiroso, no puedo evitarlo. Tengo 16 años, en ello consiste mi forma de vida... Creo que ésta ha sido la mentira más grande que he hecho nunca. Porque pasa que todo comienza con una mentirijilla, luego otra, y otra, y al final todas se unen formando una gran bola... La mayor bola que he hecho jamás, que llevaba casi 2 meses engordando un poquito más cada semana, hoy, ha caído. 

Cuando una mentira te tiene acorralado contra la pared, amenaza con explotarte en la cara, somos testigos del verdadero sentido de supervivencia del hombre. Nos agarramos a cualquier clavo ardiendo, alimentando más y más al monstruo que hay ante nosotros, intentando que se nos dé más tiempo para despistarle y escapar un día más del juicio...

He ahí la única forma de matar a una mentira. Ríndete. Acepta el funesto destino que tú mismo te has labrado, arrodíllate y pide clemencia, como a la propia parca. Es ahí dónde la mentira muere ante tí, al perder su único sustento de vida, tu miedo a ser descubierto. Hoy me acorralaron, tuve dos opciones, seguir resistiendo con garras y dientes, o reconocer la derrota. Y me sentí liberado de mis cadenas. El miedo se fue, el verdadero monstruo calló.

Dicen que a un héroe se le mide por su valor, no por su fuerza o su inteligencia. ¿Sabéis qué os digo? Siempre he querido ser un héroe. Sólo soy una tortuga que quiso cambiar su caparazón por una espada, pero descubrí que con tener valor, sacar la cabeza del caparazón y enfrentarse al ardiente sol... Temí al juez, y resultó ser comprensivo y me concedió el perdón.

Hoy me siento libre. Hoy puedo salir del caparazón y gritar al mundo entero, al cielo, a los valles, a las montañas, a los mares, a los dioses antiguos y nuevos y a todas las estrellas del firmamento que...


P.D.: Me acabo de acordar de Juan Salvador Gaviota :)

P.D.2: ¿Quién dijo que las tortugas no podían volar? =)

"La verdad os hará libres"
-Jn 8, 22